Esta es la historia: el 6 de enero dos jóvenes de Gijón e hinchas del Sporting tuvieron la idea de escribir en la Playa San Lorenzo y en gigantísimas letras: "Michel no se vende". Y como era imposible por el tamaño recoger en una sola foto aquella obra, grabaron un vídeo que más tarde subieron a youtube.
Éste vídeo.
Ésta es la historia que podría haber contado el diario
El Comercio en su sección de "Vídeos". O éste, al menos, es el enlace que podría haber referenciado, ya que los clips de
youtube no aparecen por el manoseado ciberespacio por generación espontánea. Quizá, también, porque esto de mencionar las fuentes de las que se extrae la información es cosa del periodismo (¿lo era, no?). Y porque,
vayaquécurioso,
tal y cómo se puede ver el mismo vídeo desde su página bien parece que fue el mismo medio de comunicación el que se molestó la tarde del 6 de enero, antes de que subiera la marea, en ir a grabarlo subidos a la altura de un sexto piso frente al paseo de El Muro.
Y me dirán ustedes, bueno, pero no deja de ser una chorrada. Pues sí -yo tengo noticia de todo esto, principalmente, porque uno de los jóvenes es mi hermano y porque me contó la hazaña y que lo había grabado porque era imposible reproducir la imagen en una foto- y no.
Al fin y al cabo, El Comercio, igual que el resto de medios, lleva friendo a lectores con sus preguntas a artistas diversos sobre la propiedad intelectual a cuenta del libro digital, con la piratería (y no con la cultura libre) y toda esa hermosa cortina de humo que nos hace olvidar otros temas más relevantes (¿a quién le importaba en realidad esto de la cultura?) en los que se prefiere que no pensemos.
Ese mismo medio luego mezcla el concepto de compartir (fin de youtube) con el de olvidar la autoría. Algo tan tonto como remitir al enlace original, al usuario en cuestión de youtube, algo. Ya no digo, quéperegrino, ponerse en contacto con el usuario que sube el vídeo y comunicárselo, sólo para su información. Eso lleva tiempo. Y, además, estamos hablando de un vídeo casero, ¿no? Un guiño, una chorrada que los aficionados se han afanado en grabar y subir a la red. Cuanta más gente lo vea mejor. Sí, claro. Ésa, digo yo, es la idea de hacerlo público.
Por otra parte, la web de El Comercio mete publicidad delante de cada vídeo, quécosas. Y por muy casero que sea el clip -si hablásemos del trabajo de un, yoquésé, realizador de la tierra habría sido otra cosa- acaba por resultar igual de válido para ambos fines: informar y ser excusa para el espacio publicitario.
Qué triste que estemos entendiendo tan mal el uso de los archivos compartidos por la red. Qué triste que sean los propios medios los que nos den estos ejemplos.