Apagones

Es curioso cómo surgen algunos paralelismos. Cómo varias cosas –buenas, malas y peores- se dan cita para ocupar un mismo espacio en el mismo momento. El pasado jueves se llevaba a cabo en todo el mundo una iniciativa propuesta por el grupo francés Alianza por el Planeta: apagar todo aparato eléctrico entre las 19.55 y las 20.00. Es decir, dejarle claro a las grandes empresas que controlan la energía y se pasan por el forro de sus chaquetas de firma el tratado de Kyoto, aquello del efecto-masa “si todos los chinos saltan a la vez, sus antípodas ser irán sin duda al carajo”. Si las cosas siguen así, somos muchos y no queremos que contéis con nosotros.
La lástima, como resalta Nacho Escolar en su blog, es que mientras “jugábamos con los interruptores, E-on daba el paso definitivo para comprar Endesa al retirarse Gas Natural de la puja”. Y uno tiene que asumir que las ganas de cambiar el mundo, de cambiar el cambio climático, a veces sólo se pueden contar como ganas y no como, precisamente, cambios.
Pero está demostrado, y de ahí esto de las casualidades y los paralelismos, que las ganas de cambiar el mundo se ven entorpecidas por el propio mundo. No hace un par de semanas, este periódico destacaba en la sección de Culturas la excelente iniciativa de la gente de El Refugio. Es difícil encontrar un lugar en el que no sólo se acojan las ganas de charlar y de tomar cervezas, sino que además la creatividad tenga su hueco de honor. Los especiales de El Refugio no están en la carta de cafés ni combinados, si no en las voces de las almas soñadoras que allí habitan. Se citaban a músicos como Vaudí, Pablo Moro, Delagua o Alfredo González, quienes hábiles en acordes y cuerdas vocales, hacían suyas canciones de otros –Manolo García, Rosendo, Sabina, Barricada, Quique González…- mediante la votación popular de un público que rebosa el local con respetuoso silencio.
Sin embargo, este silencio, o el cantar quedo de quien escucha y valora la actuación de un artista, debe ser más denso de lo que el común de los mortales tiende a pensar. Igual que el sonido de una guitarra, o una voz bien educada, deben volverse ensordecedores. No se explica de otro modo que ahora, en El Refugio, haya un cartel que rece No habrá más especiales. Los vecinos cuyas quejas han ocasionado esto podrán escuchar, sin molestos rumores musicales, sus programas de televisión.
Con muy buen criterio relacionaba el cantautor ovetense Pablo Moro en su blog estos sucesos. Y es cierto: las buenas ideas existen, mueven el mundo, tienen capacidad para cambiarlo. Pero las buenas ideas, se convierten para muchos en luciérnagas hermosas y temidas, a las que es necesario apagar.
Por eso, si usted encuentra una bombilla encendida en la calle, en el supermercado o en su correo electrónico, recójala con cuidado, como quien rescata a un pájaro herido, y mímela, y hable de ella, y cuéntele a todo el mundo lo mucho que ilumina.
Mientras tengamos las ideas, seguimos jugando en la batalla.

Este artículo, inspirado por un post del amigo Pablo (www.pablomoro.com/pablog), no sale publicado esta semana en OD, pero a mí me mola, así que aquí os lo dejo.

2 comentarios:

Kid | 4 de febrero de 2007, 15:05

Me ha dicho un pajarito que se siente muy honrado, no sólo por ser leído, sino por haberla inspirado a usted que la inspiran siempre las musas más inalcanzables y hermosas...zenkiu sugar, un placer pasear por tu mundo iconoclasta...besos eléctricos

Norma | 4 de febrero de 2007, 23:52

Yo lo echo mucho de menos... como no podía ser de otra manera.
Besos, muchos besos.