La gente del Refu, que construye palacios con sus abrazos.
Héctor, que se acordó de la primera vez que hablamos, que quiso estar ahí, que quiero que siempre esté.
Maki y su amiga del norte muy al norte, y las notas mentales que acaban haciéndolo posible.
Plácido, y sus palabras y su sombrero.
Manolín, que también se dejó caer por allí y nos hizo soñar con políticos que hablen de poesía.
Pablo y Eva, que bajaron sin zapatillas pero trajeron su calor de hogar y eso es lo que vale.
Olga, y el madrugón de esta mañana para volver a casa, y aún así siempre cuando la ternura
.
H, que llegó justo para el final pero que llegó con té y con miel y algún proyecto en el alambre.
Julio y Sara, y el abrazo que me prestó más que tres horas hablando de libros (que también mola).
Puri, que además de todo puso su voz a unos versos ya para siempre suyos, si Fredo lo permite.
Diego, al que sólo le falta un clon para revolucionar toda la cultura ovetense, y un montón de cosas más.
Alejandra Sirvent, y conocernos
in person.
Antón, que no sabía lo que se iba a encontrar y le gustó.
Primo Pablo, y la complicidad que nos ha dado el exilio compartido en Madrid.
Fredo, que ya son muchas, que han merecido la pena, que estamos vivos de frío, que qué honor. Y muchos amigos, cervezas, guitarra. Y
tú haciéndolo posible, como siempre.
