Pajes despistados (o no hace falta descargarlo todo...)

Dobleces. Alfredo González
Los motivos es mejor escucharlos que decirlos.
El sistema débeme una chocolatina. Pablo X. Suárez
Porque si no lo dice este guah.e, no sé quién lo va a decir. Y hace falta que se diga.
Anticonstitucional. Arma X
Y puestos a contar cómo están las cosas, vehemencia y motivos con tremendo flow.
Paracaidistas. Chus Fernández
Por qué esta novela es necesaria en tu estantería lo dejó perfectamente claro Natalia Cueto en el primer número de El Cuaderno. No encuentro el enlace, y este libro es para citarlo entero, así que aquí algunos fragmentos recogidos por La vida no imita al arte.

Voces en imágenes. Alfonso S. Suárez
El trabajo documental más completo sobre el oficio de las actrices y actores de doblaje en España. 42 entrevistas y dos horas y media de información y reflexión con voces tremendamente reconocibles y caras casi desconocidas.

FANS (inspirado en "El club de fans de John Boy")
Y nadie vuela, no vamos a engañarnos. Pero lo que nos rodea es bueno, lo que nos rodea es hermoso. Nos rodea a nosotros y con eso ya.
Cómo es posible que haya estado en tus infiernos
y quién tuviera tu don. Para decir, para hacer, aunque en otoño nos gusta más cómo se proyectan las sombras de las manos sobre la pared que lo que estén haciendo.
Nos roban. Y no importa. Nunca nos dejaremos solos. Aunque tu media vida huyendo y mi media vida huyendo hacen un hueco bastante grande. De habitación
a llanura castellana.
Sigue en Nubes con la mente. Tributo a Love of Lesbian. Comuniter Editorial, Zaragoza, 2011.
¿A qué huele Love of Lesbian?

Si andáis por Zaragoza, no lo dudéis.
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Hay dos ideas que se han sentado junto a mí en la barra. Sí, quizás porque estoy sola (y entiendo la soledad como una lluvia soleada, que lejos de ser molesta comienza a generar, según cae, un absurdo principio de nostalgia) son sólo las ideas las que se materializan para beber a mi lado. A veces se materializan en un esquizo al que es imposible no escuchar, o en una mujer que puede que sea más joven que yo –aunque yo no me sienta mujer, si no una chica, o una niñata si me apuran, y anda que no me apuran a veces. Hay dos ideas sentadas junto a mí en la barra. La primera se ríe, ha bebido más de la cuenta y lo ha cargado todo a la mía (a mi conciencia y a mi bolsillo), y me dice que no todo el mundo nace para ser un personaje de Kieslowski. Genial. Nadie se va a concentrar en mis manos sujetando un sobre de azúcar, nadie me admirará así me pase una tarde entera viendo cómo la luz se mueve sobre la mesa. Qué coño, me responde descojonada esa idea a punto de caer del taburete, si es que en este antro ni siquiera entra luz. Al otro lado, la otra idea, que lleva el gin tonic como quien se toma con calma una bebida reconstituyente, me dice que no va a ser todo follar. La cita me desconcierta y la aseveración más. Todo viene por algo, claro, aunque estas ideas sean unas crípticas y unas gorronas. Hace un rato tú y yo hablábamos de música. Como siempre quieres discutirme los gustos, que es algo así como echar por tierra una certeza sin casi pretenderlo. Te confieso lo erótica que me parece la versión que hicieron los dna de “Tom´s diner”. ¿Qué erotismo tiene una petarda pelirroja sentada en un bar? No te digo nada, pero por dentro me confieso que jamás había entendido la letra, sólo cogía palabras sueltas, las reelaboraba. Al final la tía se pira a coger el tren y ya. ¿En qué catedral estaba pensando para que me pareciera una canción cargada de pequeñas muertes, de eufemismos que remitían a espaldas felizmente arañadas, de espasmos, de sudor, de una tensión que rebasaba cualquier cuenco?
Tú te has ido. Claro, esta vez tampoco me has agarrado de la cintura con un sustantivo en condiciones. Se han sentado estas dos interesadas a reírse de mí y sacarme los cuartos, para que me cueste igual que cualquier otra borrachera pero me cunda menos. Se ríen tanto que casi las oigo, y para ser unas ideas incorpóreas meten bastante ruido. El camarero me mira, como si me leyera el pensamiento, o como si fuera una de esas que va por ahí contando su vida. Aquí, en este bar, con las ideas que sólo yo veo y la horrible sospecha de llevar una buena encima, entiendo que en los bares una también se desnuda. Abandono la barra del bar como una bailarina torpe tras su primer streaptease.
Nunca más quemar la casa
Hoy vuelvo a casa. Por unos cuantos días. Por los 26 que están ahí, por trabajo, por proyectos y por si encuentro la sombra de sirena, que en la playa ya es otoño...
Y si entre las maletas que siguen por aquí, por este cuarto, se colaron cerillas tardías, con las que hacer quema del pasado, con las que dejar la casa -qué no es casa- ardiendo, creo que las tiré en alguna papelera de esta ciudad.
Vuelvo a casa, y para volar sobre una nube, para acariciar la luna y ser libre (Quique González dixit, a mí no me miren) no necesito ceniza. Ni la quiero, ni sirve.
Y quizás por esta ilusión renovada, por este sentimiento que es de comunión -jamás de pertenencia-, sí me detendrán al llegar, o cuando vuelva a la capital, que respira fuerte y nos lleva por delante cuando inspira.
Vuelvo a casa. Que me detengan por querer encontrarla blanca y viva.
san josé maría pemán unos versos recitó
Hacía tiempo que no escuchaba esta canción... qué bueno recuperar algunas esencias entre tan buen gente.
(por lo demás, pequeña afonía, cansancio, la casa que espera y yo a ella)
ojos tan grandes que nunca se hace tarde
Ayer mi yo de los doce años se reconcilió un poco con esta yo presente que muchas veces no le da el futuro que quería. Con Paco Bello hicimos un poco las paces...
