Mostrando entradas con la etiqueta Mejor eran flexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mejor eran flexiones. Mostrar todas las entradas
0 com

Plan de evacuación


Recibo el correo electrónico de la evaluación del plan de evacuación del colegio público al que va mi hijo de cuatro años. Hay cifras, una relación de tiempos empleados según las plantas del centro. La valoración es buena: no hubo carreras, no hubo empujones, todo tranquilo.

Y de repente ha empezado a encogérseme el estómago. De repente he pensado en qué es un plan de evacuación. Aquello en lo que no pensaba cuando en el instituto salíamos por la escalera de incendios. Aquello en lo que no piensas porque esas cosas siempre les pasan a otros.

Pensé en todas las niñas que van a clase de mi hijo. En todos los niños de tres años, los de seis. Saliendo lo más tranquilos posible con sus mandilones mientras suena la alarma. Y en que hay fuego. En que no es un simulacro. En que hay fuego porque hubo una avería porque no se revisaron bien las instalaciones la última vez, de la que ya hace mucho y por más que el centro llamó no lograron que nadie se hiciera cargo. O que hay un incendio porque algo ha estallado muy cerca. O que hay un incendio por una voluntad concreta fruto de un sistema viciado.

Piensa en esos niños pequeños, esas niñas. Saliendo lo más tranquilos posible del colegio. En fuego de verdad.

En que para muchos ahora mismo esto no es un simulacro.

Dime si ahora si soportas si quiera pensar en ello.

A dónde ir, después.
Read more »
0 com

Sobre la ficción y la infancia



E. ha heredado nuestros juguetes y nuestros cuentos troquelados. Una vez leí que la crianza nos permite repetir el camino de la infancia por la vía del amor. Y sí, nos hace felices en esta casa tenerlo todo revuelto de peluches y coches y volver a relacionarnos con los objetos con los que fuimos felices.
Hará ya casi dos años, con un pequeño taco de cuentos troquelados de Tizón, me sorprendí al releer la historia de Pulgarcito, un popular relato infantil.
Pulgarcito se resume, desde la poética aristotélica, de la siguiente manera:

- Los padres de Pulgarcito y sus hermanos son muy pobres y los abandonan en el bosque porque no los pueden alimentar.
- Pulgarcito, el más pequeño de los hermanos, es muy espabilado y deja un rastro de migas de pan y así son capaces de volver a casa.
- Los padres, que se sentían fatal por el abandono, se alegran mucho de la vuelta de los hijos.
- A los días, como la alegría no alimenta y siguen siendo pobres, los vuelven a abandonar.
- Esta vez los pasos de los niños les llevan a una casa en la que vive un ogro con sus hijas. Son tantas niñas como niños son Pulgarcito y sus hermanos. Pongamos 6 y 6 (cambia el número según la versión).
- El ogro, como es ogro, se quiere comer a los niños. La mujer del ogro ayuda a los niños para evitar que su marido se los coma, pero el ogro los encuentra.
- Pulgarcito, como es muy listo, logra engañar al ogro.
- La trampa es que el ogro creyendo comerse a los niños se come a sus propias hijas.
- El ogro muy enfadado va en su busca pero de nuevo lo engañan, quitándole las botas mágicas.
- Pulgarcito va hasta la casa del ogro y le dice a su mujer que una bandidos lo han secuestrado y piden un rescate por él. La mujer le cree y le da una bolsa de dinero.
- Pulgarcito  y sus hermanos se van con el dinero y se lo llevan a los mismos padres que los abandonaron a su suerte. Y son felices.

Pues sí, me quede sorprendida. No recordaba del relato más que Pulgarcito era un criajo muy apañao que, aun siendo el más pequeño, cuidaba bien de sus hermanos.

¿Permitiríamos un espectáculo para nuestras criaturas en el que se viera abandono infantil, y donde los héroes -varones, por cierto- lo son por la vía  de hacer que se coma un padre a sus propias hijas (que son un amor de niñas, ni ogras, ni malvadas, ni importan para nada en la historia)?




Read more »
0 com

El matón del instituto (Bienvenido, 2016)


Llevaba desde octubre sin salir a correr por lo que esta tarde no las tenía todas conmigo de poder acabar la carrera de la San Silvestre. 

No pienses en quienes van por delante, piensa en lo que llevas recorrido. 
No fuerces en la primera vuelta, es mejor reservar energía para la segunda. Si te adelanta todo el mundo en la segunda la fatiga psicológica es mucho mayor que la física. 

Mi hermano me anima y me dice que soy capaz antes de que den la salida. Ya sabemos que en cuanto empiece él irá muy por delante. Este año me toca correr sola, y por eso quien no corre conmigo -por molestias no graves pero incómodas para seis kilómetros-  me ha pedido que corra por los dos.

Empieza la carrera y el sol de invierno va marcando metas, colándose entre los edificios altos del paseo de la playa San Lorenzo. Encuentro gente. Saludo. Hay bromas y voy tranquila. Es buena esa sensación de rostro que se va calentando y que no es por pudor ni vergüenza ni enfado, sino de puro movimiento. Recuerdo las sensaciones de hace un año. Me centro. Pienso, por primera vez en estos meses, sólo y únicamente en la respiración y en lo que veo. Al llegar a la segunda vuelta me digo que sí, que aguanto. 

Cerca del último tramo tengo los mejores ánimos posibles. No voy muy rápido y puedo chocar la mano con E. Entonces reconozco una silueta. En la salida ya nos habíamos cruzado pero no me había ni reconocido. Mi némesis del instituto -todas tenemos una o uno, ¿no?- un tipo alto y grande que se reía de los inseguros, que amenazaba a los débiles, que acosaba a muchas chicas, que intimidaba a todos. Reconozco su silueta en el último tramo. Por primera vez la carrera deja de ser conmigo misma y me propongo meter el apurón final para lograr esa absurda e inane, pero también de repente poderosa, satisfacción de ganar al abusón al que me enfrentaba sin éxito cuando yo tenía quince años. 
Me doy cuenta de que no soy capaz, que se ha estrechado la vía por la que vamos y que apenas hay sitio, que no puedo adelantar, que él va por delante y que llegaré justo detrás de él. 

Entiendo que la metáfora anda ahí. Que a veces nos enfrentamos con lo poco que tenemos a algunos gigantes que tienen más medios y están más preparados. Y que no está tan mal, partiendo de una línea de salida tan diferente, andarles tan cerca. Pienso en este año y en lo poco que nos esperaban. En que una carrera es un tremendo esfuerzo pero compruebo que se puede hacer sonriendo aunque el cuerpo esté cansado. Que el gesto de la sonrisa, de hecho, ayuda a llevar mejor el cansancio que aquella mueca de cuando entrenaba atletismo siendo una cría y que la monitora nos aconsejaba evitar. No se trata de estética, se trata de actitud, entiendo hoy. 

Cuando ya asumo que esto es así y que ni tan mal, que superar el reto de los kilómetros para los que una no había entrenado ni estaba en forma, veo un hueco. Pego un pequeño tirón y adelanto a las personas que me rodean. Dejó atrás al matón del instituto. Llego a meta. Sucede. 

Y lo cierto es que el pobre matón del instituto -del que me podría hasta bailar el nombre, aunque escribiendo esto sé que lo recuerdo- ni me recordará o no me reconocerá o ambas. Y quizás hoy es un buen tipo. Y la verdad es que no le tengo ningún rencor. Pero apareció hoy para ser metáfora de otra lucha, que nos vive y que nos toca. La de los matones que llevan tanto abusando de los débiles, mintiéndonos a todas, acosándonos, metiéndonos el miedo en el cuerpo. Esos matones a los que les andamos en la carrera tan cerca, y eso que no partimos de la misma línea de salida. Esos matones que tienen, sí, todos los medios para ser unos matones, pero que no cuentan con nuestra fuerza. 

Claro que importan las palabras. Quién me asegura a mí que sin las palabras de E. diciendo "Mamá, tú puedes" iba a poder yo nada. 

Que esta anécdota de esta tarde de invierno sea presagio de cómo viene 2016. Claro que podemos ganar a los matones de instituto, si nos tenemos cerca. 

Read more »
0 com

¿A donde vamos no se necesitan carreteras?


¿Cuántos hoy nos preguntamos cómo es hoy?

¿Qué ocurre cuando una película nos lleva a la misma pregunta, tiempo después? ¿Hay algo de comunión? ¿Podemos hablar de trascendencia? ¿Por qué no podemos hablar de trascendencia?

Si una película logra que nos hagamos la misma pregunta, ¿se debe al marketing? ¿Repetir durante siglos que un texto (literatura) es sagrado no es una constante campaña de marketing?

¿En qué pensamos cuando pensamos la palabra "futuro"?

¿Por qué se hace tan pesado pensar que hubo un futuro que ya fue? ¿Por qué de repente recurrimos a la pizarra de Doc para una idea que sólo es rewind o forward?

¿Y la ficción? ¿Qué pensaría Marty McFly si llegara al futuro de hoy? ¿Qué sí ha cambiado de los ochenta a nuestros días? ¿Por qué tenemos tan claro todo lo que no es hoy de ese futuro y no pensamos en lo que sí? ¿O no hay?

¿Y si no ha cambiado, qué pensamos del paso del tiempo entonces? ¿Qué paisaje cambia más, a simple vista, el del entorno o el humano?

¿Y la vida? ¿Qué piensa hoy Michael J. Fox de su futuro que es hoy? ¿Piensa más en hoy o piensa más en quién fue rodando la película en la que viajaba al futuro? ¿Imaginaba rodando el futuro de Hill Valley o imaginaba el futuro de EEUU?

¿Y nosotros? ¿Pensamos más en el futuro que esperábamos o en quiénes éramos en el pasado esperando ese futuro? ¿Cuánta nostalgia arrastra al pronunciarla la palabra "futuro"?

¿Por qué el futuro siempre implica volar?

¿Por qué hoy nos sentimos un poco decepcionados?

¿En el futuro habrá películas que nos unan para que nos hagamos a la vez la misma pregunta?



Read more »
0 com

Hablemos de "los toros"


Ante el cuestionamiento de un sistema, ocurren varias cosas. Por un lado, se tambalea el modo de vida de las personas directamente beneficiadas por dicho sistema. En general, esas personas no representan al grueso de la población. Ocurre también que se tambalea el estado de zona de comfort en el que se encuentran muchas personas, que sí son una parte mayoritaria de la población.  Esto es: defiendo algo que a decir verdad no me afecta pero sobre el que se han construido algunas de mis certezas (mi paisaje social, mi escala de interpretación del arte, el folclore, la identidad de mis allegados, lo que me han dicho que es "patria" y que por tanto es "yo").

Cuestionar las corridas de toros es dar en parte de ese constructo sobre el que se cimenta (con papel de periódicos viejos también se hacen cimientos)  la zona de comfort. 
Algunas de las respuestas que estos días, a raíz de la manifestación convocada el próximo sábado en torno a la feria taurina de Xixón, he podido leer tienen más de tarareo de canción escuchada por la radio que de información fidedigna. 

Estos días he encontrado artículos con datos exactos sobre las cifras, en tanto que empleo y en tanto que motor económico, sobre la tauromaquia. Por destacar: mientras que en ocho años ha bajado el número de espectáculos a casi la mitad (de 3651 a 1868 en 2014) el número de profesionales taurinos (toreros, novilleros, rejoneadores, banderilleros, picadores, mozos de espada y toreros cómicos) ha aumentado en el mismo periodo en 2797 trabajadores más. De estos trabajadores, tan sólo el 8.8% ha tenido una o más de una actuación en 2014. Cuesta pensar que estemos hablando de un ejercicio empresarial ni profesional mínimamente sostenible. Y ya si miramos las medias de edad de las personas que trabajan  en el sector (asusta pensar en la media de edad de los novilleros que, se entiende, es un paso previo al rango de matador) vemos que está sorprendentemente envejecido para el ejercicio físico que supone. 
Y podemos seguir con los argumentos de ecosistema, dehesas, infraestructuras, ayudas públicas directas e indirectas, subvenciones específicas del estado...  Lo cierto es que la cantinela de la afición y producción económica del sector es del todo inane, y suena a eso, a cantinela desinformada. 
Y luego están los sofismos: os preocupáis por el sufrimiento del toro y no por el de los niños que pasan hambre. ¿De dónde se extrae esa conclusión excluyente? Quizás, si quien lo dice tuviera una implicación con el segundo término de su argumento habría visto a la persona a la que recrimina en manifestaciones contra los recortes, contra la pobreza infantil, contra la falta de libertades y derechos.  Por no hablar de lo cómodo, y decepcionante -porque estamos hablando de vidas- que resulta utilizar abstractos "los niños que pasan hambre", como si eso fuera un lugar específico en la geografía mundial, o una franja de edad específica o se resolviera todo en un tribunal específico y no se debiera en función de cada caso a una serie de problemas estructurales -algunos comunes y otros concretos de cada territorio y realidad. 
(En mi experiencia personal añadiré que nunca veo salir en defensa de la sanidad pública o la educación pública a quienes sí veo utilizar, como poco, tibios argumentos en favor de la tauromaquia. Pero claro, quizás sólo sea una casualidad muy causal).
Más sofismos: os preocupáis por los toros pero bien que coméis carne. Comparar la muerte de un animal como espectáculo recreativo frente a la muerte de un animal como alimento parece un tanto cogido con pinzas. Esto no quita para que haya explotaciones animales absolutamente denunciables o para que los procesos del sistema en el que nos encontramos propicien tratos a aves, terneras, cerdos que nos envilecen como seres humanos y contra los que hay que estar alerta. Con todo, no hay lógica argumentativa entre el deleite y distracción a través de la contemplación del asesinato y el de la alimentación.
 Y mi favorito: estáis en contra de todo. Lo cierto es que es justo al revés. Estamos a favor, y no hace falta que nos vayamos autodenominando provida, ya de paso. A favor de vidas sin sufrimiento. A favor de no ejercer desde una situación de privilegio el sufrimiento a otro ser vivo. A favor de no considerar arte el finalizar con una vida. 

Desde luego que el asunto de las corridas de toros, así como de cualquier otro maltrato animal, no admite parches. Es un problema de base y precisa un cambio radical. No vale con introducir un inocente decálogo de buenas prácticas cuando la práctica es la tortura y el fin la contemplación de esa tortura. Aunque viendo las cifras, servidora considera que con dejar de destinar el dinero de las arcas públicas que se destina toda esta "tradición" caería por su propio peso. 

La verdad es que es preocupante esta pátina de oscuridad -de tiempos tristes y  de desprecio por el conocimiento y por la vida- cuando sale el tema. En Xixón sale al menos una vez al año, con la llamada Feria de Begoña. Quiere una pensar que al final se entiende que la Tierra no es plana, pero cuánto tiempo lleva y qué claro parece que quizás no seamos nosotras quienes lo veamos. 
Estos días pienso mucho en el brillante cortometraje "Topeka", de Asier Altuna. Es corto. Si hay quien lee esto y no lo había visto, le animo a que lo haga. 
En realidad, este cortometraje es lo que pienso sobre este asunto en días en los que ya son 25 mujeres asesinadas en ocho meses. Todo, compas que os dejáis caer por aquí, tiene relación.


Read more »
0 com

#jesuisZapata? Ah, no.

Érase que se era un editor de veintipocos haciendo prácticas en una televisión local de una ciudad no muy grande de un territorio no muy grande. Érase que se era la historia de siempre: contrato (?¿) de becario, muchísimas horas extra. Érase esto en la primavera de 2003, con elecciones municipales a fuego en aquella pequeña televisión local de aquella ciudad no grande en aquel territorio no grande. La mesa de edición del becario era la última antes de entrar a plató. Por el plató pasaron todos los candidatos (plural masculino porque así eran sin excepción) a alcaldes de la ciudad no grande. Y todos, como si se hubieran puesto de acuerdo previamente, contaban un chiste al editor en prácticas antes de entrar a la entrevista en falso directo. El editor en prácticas volvía cada noche a su casa y contaba el chiste del día. El chiste que contaba el candidato A, y el candidato B y el candidato C. Era 2003, y en la televisión local de la ciudad no grande no se daba voz a más candidatos. Si bien los chistes del candidato A y del candidato B le parecieron sin gracia y previsibles, el chiste del candidato C le pilló desprevenido, lo que no quiere decir que le hiciera gracia alguna. El candidato C le contó un chiste que buscaba parecido entre las mujeres y el parqué. Sí, ese chiste. El chico en prácticas no daba crédito y cuando el chico en prácticas llegó a su casa y contó lo que le había pasado quienes le oyeron tampoco dieron crédito. Pero fue así. El candidato C, en campaña electoral, buscaba  con la complicidad del chaval de la tele con un chiste en el que se decía que tanto al parqué como a las mujeres había que acuchillarlos cada 20 años.
En 2003 había blogs. No recuerdo si había si quiera fotologs. Había una red social con poco usuarios llamada orkut y el messenger de nuestros amores y  desvelos. No había mucha manera de dejar constancia por escrito de las ocurrencias. Las ocurrencias, en 2003, tendía a llevárselas el aire. 
Hoy tuiteamos antes de asegurar la ocurrencia. El verbo nos ha pasado a los dedos y ahí vamos. Todo queda escrito. Queda escrito también el contexto de lo escrito, pero hay que buscarlo. Y no conviene que el contexto de algo arruine un fabuloso titular. Menos, un interesado titular. 
El contexto de los tuits de Guillermo Zapata empieza a contarlo muy bien Albert Monteys. También hace muy bien el fade out de la explicación porque plasma muy bien el interés que tiene según qué contexto según para qué interlocutor.
El contexto es esa estrategia que quiere ocultar nuestra máculas. El contexto no importa. Salvo que hablemos, por ejemplo, de violencia machista y nombres públicos, porque entonces todas las implicaciones, explícitas e implícitas, sí que sin importantes. 

Tampoco parece que nos importe que durante años la televisión pública emitiera programas de humor cuyo éxito se centraba en los chistes xenófobos y clasistas. Ah, no hablemos en pasado, que Los Morancos han vuelto a TVE. 

Queremos políticos con un sentido del humor inmaculado (dijimos que nos sudaba el himen el contexto, ¿no?), ahora que nos acordamos. Un sentido del humor blanquito, y misa de doce los domingos. Las formas, por favor, no perdamos las formas. 
Porque, como tuitea gerardo tecé, de derechos sociales vamos bien. 
Read more »
0 com

Versos con los que entender los pasos, o que al menos los acompañan al andar

Leo en el perfil de un amigo esta semana: 

Que votar no sea una fiesta. Que votar nunca sea una fiesta.

Hincad en la urna

el puño

hasta que sangre la indiferencia de su grieta y nada te separe de su fondo.

Pienso que es peligroso confundir el entusiasmo y ilusión con la victoria. Pienso que hemos de cuidar el gesto. Que sin ese gesto -introducir el voto en la fisura del sistema- nada de lo que vendrá podrá ocurrir del todo. 

Pero pienso que hay algo que ya ha ocurrido, algo para celebrar. Vamos despacio, es cierto. Necesitamos varios años de crisis, de miserias al lado de casa y en casa propia para despertar, para decirnos lo que bien escribe Alberto Porlan al final de País:
derrotemos al último enemigo 
que por dentro nos vence: 
el miedo que tenemos a juntarnos 
porque nos conocemos
Porque nos juntamos para decir aquello que no podía seguir siendo. Aquello que ya ponía sobre blanco Ángela Figuera, que no hemos de olvidar, porque no ha dejado de ocurrir: 


No quiero

que el trigo se queme y el pan se escatime.


No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.


Necesitamos más años, desde aquella luz de mayo del 2011 para asumir que hay que entrar en espacios que se nos fueron haciendo ajenos. Que hay que tomarlos aceptando un juego que no nos gusta, ganar ahí y cambiar las normas de ese juego, para que sean como deben ser, para que nos permitan de verdad formar parte. 
Escribe en Que concierne Julieta Valero

Sácate la escaramuza de la boca y piensa en formas del sonido que trasciendan la representación. 

Porque, como apunta David Franco Monthiel:

Hemos venido para no hacernos más los sordos, para golpear con la palabra. 

Golpear con la palabra teniendo muy presente el canto del poeta iraquí Nazik al-Mil’-ika:
¿Desde dónde nos llega el Dolor a nosotros?
¿De dónde viene?
Ha sido el hermano de nuestras visiones desde un tiempo inmemorial
Y la guía de nuestras rimas

Sabiendo de dónde viene esta decisión, asumiendo la posibilidad de equivocarnos pero la imposibilidad ya de no tomar postura, de no mancharse si hay que mancharse, de no decir porque hay que decir. No podemos hacernos más los sordos porque este sonido lleva mucho tiempo pidiéndonos la escucha y la respuesta. 
Y con todo, ante ese riesgo al error, al desgaste -los únicos peligros achacables a las decisiones tomadas en este tiempo- una hará por tener muy presente el hermoso recordatorio de Abu al-ala al marri

Hay que andar por esta tierra lentos, y con mucha suavidad, pues está hecha con la piel de cada muerto.

No olvidar la historia de la que venimos. No olvidar que con lo que hacemos vamos haciendo la historia de quienes aún no nacieron. 



Read more »
0 com

Ni generación perdida, ni generación encontrada

Finales de la década de los ochenta. Hipermercado. Probablemente viernes. Probablemente durante el curso escolar. Tarde.
Mi yo de los cinco o seis años se aburre, cansada de ver cómo sus padres hacen la compra, se sienta en el bordillo de un expositor, quedando oculta por alguna camisa larga, o bata, o mandilón, o vaya usté a saber. No recuerdo si me dormí. Apenas recuerdo nada más allá del aburrimiento. La historia se completa con el recuerdo -mucho más vivo- de mis padres. Preocupación, carreras de un pasillo a otro, aviso por megafonía, esa época tan mala en la que las criaturas desaparecían en las grandes superficies para no volver.
Sí recuerdo algo parecido, al encontrarme, a un "no te vuelvas a perder, menudo susto nos has dado". Desde la yo que soy en la treintena y con un hijo, entiendo la angustia de mis padres mejor que nunca. Pero yo sé que no estuve perdida.  Que no estaba en un laberinto, ni en un desierto, ni en un espacio nuevo. Que sabía dónde estaba la puerta, dónde la mesa de información, dónde las cajas, el restaurante, dónde el coche aparcado. No, yo no me había perdido.

Ayer la prensa se vestía de Banco Santander -que es como el gesto de Superman de vestirse de lo que es y abandonar el disfraz de Clark Kent. La prensa de mayor tirada se vestía ayer de lo que es la prensa de mayor tirada hoy. Y, donde ya puede ofender lo poco que se ocultan los poderes y los elementos de control, se añadía una frase, como slogan publicitario: Generación Encontrada.

Con esto, las mentes pensantes que idean y aprueban el lema en cuestión, aceptan el sintagma de "generación perdida". Y se envalentonan con el hecho de haberla encontrado.
Pero mi generación no está perdida, señores publicistas de los grandes bancos. Mi generación está perfectamente localizada: en Londres, en Berlín, en Washington, en Minessotta, en Melbourne, en Oslo, en Münich, en Moscú, en Santiago de Chile, en Sofía, en Varsovia, en Freiburg, en Connecticut, en Bristol, en Rabat, en Pekín, en Praga.

Que alguien haya dejado de mirar dónde estás, que por un momento, o dos lustros, haya dejado de prestarte atención, de interesarse por ti y tu paradero, no quiere decir que la otra parte se haya perdido. Llamarnos Generación Perdida, además de la connotación del adjetivo (desperdiciada, echada a perder), es posar el error sobre esa generación y no sobre quienes les perdieron de vista. Culpar a quien nunca se ha perdido del fallo ajeno.

Hay, por último, otro asunto molesto en eso de "Generación Encontrada", y es lo obvio, lo publicitario. Os hemos encontrado y os tapamos con mantas reflectoras, porque ya se acabó vuestro calvario, ya vino el samur, las fuerzas de seguridad, los bomberos. Vino la prensa y contará vuestra historia. Estabais perdidos y el Señor os ha encontrado. Una generación que sabe de la precariedad, de hacer las maletas, de esperar durante todo el día la llamada para el trabajo mal pagado y esperarla otro día más y otro porque esa llamada no llega. Una generación, que está mejor formada que las generaciones anteriores, infantilizada como si por primera vez saliera al mundo. Tutelada, cuando ha sentido el absluto descuido institucional. Culpabilizada, porque estas cosas parece que se las busca una y que nada tiene que ver una estructura gerontocrática.

Si vagamos por el bosque es porque se nos impidió entrar en las casas. Si venís con linternas es porque a vosotros os hacen falta. Si pensábamos que la prensa nos está contando el mismo cuento en las portadas de los periódicos es porque la prensa nos está contando el mismo cuento.




Read more »
0 com

Limpiar el criterio



Hemos aceptado las etiquetas. Tampoco es una revelación. Antes de nacer ya queremos saber si niño o niña. Y una vez nace, qué quiere ser de mayor. Y qué estudias, o qué no estudias. Si eres hipster o eres normalcore o eres choni o eres tronista. Si los Rolling o los Beatles. Si comes animales o no. Si la trilogía de Nolan o la de Tim Burton. Si fútbol o no. 
Hemos aceptado las etiquetas y buscamos a las personas como quien busca en las baldas del supermercado. Si estás en la balda de lo que se autoconserva. Si estás en la balda de lo fresco. Si estás en la balda de las empanadas. Si estás en la balda de lo ecológico. Si estás en la balda de lo inflamable. 
Servidora, que es más de leer libros de difícil catalogación, y de probar el vino antes de valorar si le gusta o lo aborrece, preferiría que las etiquetas desaparecieran. Pero servidora lo lleva claro y lo sabe. 

Con todo, como nos han tocado vivir tiempos interesantes -y en esa maldición estamos y desde esos tumbos intentamos- parece que también se quieren encontrar espacios donde discutir las inercias. Donde crear de otro modo, estar de otro modo. Aquello que quienes por miedo a intentarlo y mancharse el calzado dicen utopía y quienes nos empuercamos sin problemas siempre y cuando no ensuciemos lo de dentro decimos guerrilla, cuando menos. 
Pero las etiquetas rascan por dentro de la ropa. Y seguimos llevando ropa, aunque toda ella esté embarrada de tanta pelea y gastada de tanto fregao. Las etiquetas sobreviven a prelavados y a ataques zombies. Y podemos escuchar en el mismo espacio y tiempo a alguien que desconfía de las personas que tienen mucha formación académica y habla del mal de la titulitis, a la vez que otra persona considera que la oratoria de quien ejerce una profesión en el terreno de la limpieza, por ejemplo, no está a la altura de interlocutores con varios másters.

Una, que vio cómo por la facultad de filología pasaban estudiantes que se vanagloriaban de no leer un sólo libro y sacar mejores notas nada más que con apuntes, sabe que se puede pasar por la universidad como un envoltorio de gusanitos.
Una, que cuando bajaba por primera vez a la mina le preguntó a la mujer que le daba la ropa cuántas veces había bajado ella, tuvo que escuchar cómo alguien con mucha formación y supuesta cultura le preguntaba a modo de chiste si había tenido que barrer también el suelo bajo tierra. 

No sé qué capacidad de idiocia tenemos los seres humanos, pero sé que a mí me siguen asombrando sus límites. Estar en un contexto no sospechoso de esa idiotez no es garantía de nada. ¿La ventaja? Ahí la tenemos: las etiquetas nos persiguen, en la trinchera hay también batalla que librar, el lenguaje desnuda al idiota. 

Qué falta nos hace que vengan a limpiar tanta tontería, a ver si bajo eso encontramos qué es, de verdad, el criterio. 
Read more »
0 com

Animales paradójicos





Una de las cintas VHS que más vimos de niños mi hermano y yo fue Regreso al futuro II. Mucho más que la I y desde luego mucho más que la III (¿podemos negar la III? ¿nos hacemos ese favor?). A mí me encantaba, llegados a la parte en que Doc le explica a Marty la fractura que se ha producido en el pasado y cómo ha creado una realidad alternativa, parar la película y hacer un esquema para que mi hermano, más pequeño que yo, lo entendiera. La paradoja del abuelo no guardaba secretos para mí, Zemeckis mediante, a los once años. 
Hay paradojas que no necesitan viajar al pasado a matar a su abuelo para tener lugar. Les basta con matar al sentido común, a poder ser por nuestra espalda. 
Esta semana se han aprobado al mismo tiempo La Ley de Transparencia y La Ley Mordaza. Resulta cuando menos rocambolesco darle algún tipo de credibilidad a la primera existiendo la segunda. Al fin y al cabo, la transparencia para existir precisa que se corrobore su condición de transparente. Si en la ventana de la cocina me colocan un cristal translúcido cuando yo he pedido uno transparente y a la hora de quejarme a la persona que lo ha instalado ésta no me deja hablar e insiste en que es transparente lo será tan sólo porque esa persona lo dice y porque yo estoy amordazada o muda por prevención. Quizás decir que no, que eso que me acaba de instalar es translúcido nada más porque yo no veo más que formas  y colores sin ninguna definición me cuesta el doble que la propia ventana. Y no está una para pagar tres veces por una ventana a través de la que no se ven más que borrones. 
Ahí la paradoja. Si el único sentido de una Ley de Transparencia es la de ofrecer garantías a la ciudadanía sobre el buen hacer de quienes gobiernan y gestionan la administración pública, y al mismo tiempo se le niega a esa ciudadanía el derecho a réplica so pena de multa (y en nuestros tiempos una multa puede ser el primer paso de un desahucio a corto plazo, y esto es así), quienes se dicen transparentes lo serán por imperativo propio, pero no respondiendo al significado del término.
Imagino al pobre Emmet Brown tirándose aún más de los pelos electrificados, siendo ya un científico reconocido tras haber dinamizado los viajes en el tiempo y generado un mercado tan resultón como el de la telefonía móvil, recibiendo por fin una invitación a participar en un encuentro horizontal y contrario a las élites. Con la paradoja a contrapelo y diciendo: Esta gente no ha entendido nada

Read more »
0 com

Apuntes sueltos el día antes del estreno


Es la víspera. Tras una semana en la que la prensa se ha hecho eco de nuestro trabajo -y bien que damos las gracias, que sabemos el pequeñísimo espacio que se deja siempre a Cultura en la prensa escrita, la radio y la tv, y con un fin de semana de mucha programación en este sentido- hay algunas reflexiones inevitables.


1

La imagen. Realizas un documental en el que se entrevista a 27 personas, en el que insistes en que 21 son protagonistas de aquello que se quiere contar, que somos un equipo pequeño, muy pequeño (de cuatro personas en esencia), facilitas cartel, fotogramas, fotos de rodaje...  Y finalmente la cara de quien firma el proyecto es la que aparece en todas las noticias. En una de las últimas le pido al periodista si no le importa poner mejor un fotograma, una foto de rodaje o el cartel (que nos gusta mucho). Me dice que es así como se hace. Le entiendo. Entiendo que es así como se hace. Aunque pienso en otros compañeros cuando han presentado sus trabajos a los medios. En que llevándoles yo la prensa he enviado fotos de rodaje, fotogramas, carteles... Y que rara vez aparecía una foto de ellos.
Esto no es importante y es importante al mismo tiempo.



2

La responsabilidad. Este documental está escrito a cuatro manos, y en esas cuatro manos decidimos que la responsabilidad de lo se quería contar se hiciera explícita a través de una narración. Hablamos de un terreno que no me es ajeno (y porque no me es ajeno, entre otros motivos, es por lo que hablamos del ámbito poético y no del de la abogacía o el fútbol, por poner dos ejemplos). Por esto, vimos honesto afirmar esa responsabilidad, no pretender que aquello fuera una exposición clínica, con pretensión de objetividad. Hay un prisma, hay un punto de vista propio en todo, y no hay intención de ocultarlo.

2.1.

Protagonismo. Asumir la responsabilidad de un trabajo, de un proyecto o un discurso no significa convertirse en protagonista o no es formar parte de los protagonistas. Se dice poeta tiene 21 protagonistas, y están delante de cámara. 



3.

Las poetas. Sus fotos. Sara Herrera Peralta dice en el documental: "Cuando se hace una crítica del libro de una autora siempre se acompaña de una foto en la que ésta sale con un tipo de retrato cuidado en lugar de poner la portada del libro. No ocurre lo mismo cuando es un varón quien firma ese libro".  Las poetas. Sus fotos. 



4.

La imagen, de nuevo. La foto distorsiona. La foto hace pensar lo que no es, lo que no se está contando. Lo que de hecho no hay intención de contar. La foto convierte en objeto, en contenido. Distorsiona, reitero. 
Esta semana he temido que se confundiera la atención. Quizás sea el pudor propio (que una hace tiempo que eligió feliz y libre estar detrás de cámara), ciertas reservas. 
Pero pienso en lo que el propio documental cuenta. Las poetas. Sus fotos. ¿Por qué no iba a ser también  Las realizadoras. Sus fotos? Quizás hay una noticia implícita en el hecho de que sea un mujer quien dirige. 
Cito a Erika Martínez: "Todavía hay gente a la que llama la atención que una mujer escriba un libro. Cucha, una mujer



5. 

Me pregunto si la imagen distorsiona. Si el titular distorsiona. Me pregunto por qué me hago las mismas preguntas. 
Temo saber cuántos prejuicios es preciso saltar antes de que alguien se siente en la butaca mañana. Si quien tiene esos prejuicios querrá escuchar lo que se cuenta en nuestro trabajo. Si llegarán a escuchar que se habla con rigor pero también con calma, con seguridad pero también con cintura, con contundencia pero también con ganas de entendernos. 



6.

"Si una obra de arte hecha para conmover las conciencias, y deliciosamente trazada, calculada en cada detalle a lo largo de sucesivos proyectos, y después sancionada por los decididores del gusto y colgada en los museos, una obra como el Guernica, por ejemplo, puede no gustarle a alguien, cuánto más pasará eso con las pequeñas acciones espontáneas que acometemos cada día." Teresa Moure. Artes subversivas para cultivar jardines (Hoja de Lata, 2014)



7.

Asumo que así son las vísperas, los momentos previos a mostrar algo que a una le importa. Que tiene la osadía de que a alguien más le importe. 
Decido preocuparme tan sólo de quienes han hecho posible esto. De estar a la altura de las personas entrevistadas, del tema, del magnífico equipo con el que compartir siempre la trinchera. 


Read more »
2 com

Animales ontológicos


Escuché de cría tantas veces aquello de que los ecologistas se podían preocupar más por el hambre en África que padecían los humanos que por las ballenas que me creí que era un argumento. Suena bien, a postura crítica: algo así como acabemos con esa cantinela acomodada de salvapatatas con la vida resuelta y hagamos algo por nuestros semejantes. Suena serio, comprometido. Podía colar. Casi cuela, de hecho. O más bien, a diario hay a quien le cuela. 

Ocurre que una deja de ser una cría, le da un par de vueltas al asunto y piensa que nada es tan simple como para resumirlo en una frase de extensión similar a una máxima de Paulo Coelho. O al menos, si lo es, esa idea tiene la misma profundidad que la que genera la piedra pómez.
Ocurre que una se fija en quiénes defienden los derechos de los animales (así, en general) y ocurre que a esas mismas personas se las encuentra en una manifestación contra la guerra (la que lamentablemente esté siendo) o recogiendo alimentos para mandar a Gaza, o protestando contra los recortes en el sistema público que generan pobreza ya no en otro continente sino en la puerta de al lado. 
Ocurre que a quienes no me suelo encontrar en esas acciones es a aquellos que dicen que primero pensemos en los niños del África que en los toros, que primero solucionemos la crisis que afecta a las personas y luego ya se verá. 

Frente al vacío argumentativo de quienes defienden la atrocidad que hoy ha tenido lugar en Tordesillas o quienes aplauden el toreo con ideas tan desmontables como muebles de Ikea, están sus propios gestos. La violencia que apoyan no sólo hacia el animal sino hacia el que piensa diferente.

Imagen extraída de un vídeo con la noticia de la agresión a una manifestante.

Curiosamente, son ellos quienes insisten en diferenciar al ser humano del resto de animales (en tanto que su dedo oponible y su red wifi le da licencia para torturar al resto de seres vivos más allá de sus necesidades de alimento y, si me apuran, abrigo) y son ellos los primeros que tiran la piedra hacia esos semejantes suyos que ven tan importantes. 
 Sus propios actos son más elocuentes que su argumentación vaga, manida, su eco repetido -como si por ser eco fuese cierto. Las manos que aplauden la violencia bien empuñan una lanza si toda la manada les jalea y pueden salir en la portada del periódico local al día siguiente.




Read more »
0 com

El respeto a los ricos


Es de mal gusto hablar mal de alguien que acaba de morir. El buenismo, el buen gusto y la diplomacia se han dejado caer como Pepito Grillo por las redes sociales -cuando no como dedo acusador del honor y el decálogo de qué ha de ser un buen ser humano y no una inmundicia jocosa- ante el humor negro del que se ha hecho gala con el fallecimiento de Emilio Botín (el jefazo del Banco Santander) la semana pasada y de Isidoro Álvarez (el jefazo de El Corte Inglés) ayer mismo. Esas conciencias las24horas han señalado lo poco adecuado de hacer chistes con los muertos. 

El caso es que una siempre se ha respigado con estas noticias presentadas como "gracias" o "curiosidades" de muertes ridículas. A quien muere se le conoce por las iniciales (no por su nombre completo, con fotos de familia apenada y los ministros del saldo correspondiente) e imagino que es más fácil reírnos de unas iniciales. Qué idiota, que se murió sepultado por una piedra mientras, presuntamente, se tiraba a una gallina, o lo intentaba. Qué estúpida. Qué torpe. Que viva la selección natural y Darwin y venga chistes y nadie dice cuidado, que hablamos de una persona que tenía familia, a la que querían, a la que quisieron, que cuando aún no había nacido era la promesa de unos padres que esperaban emocionados, que recibió besos, que dibujó junto a su nombre corazones o cantó una noche una canción hermosa. Las iniciales, si es que las hay, no se toman muy en serio. No hablemos ya de los anónimos. 
Los sinnombre en las cunetas, los sinnombre que sólo son cifras -silenciadas lo más posible, por cierto- del recuento anual de muerte por suicidio. Las sinnombre que mueren a manos de sus parejas cuando esos nombres son extranjeros y el problema parece que no es de aquí, ni de allí, ni de ninguna parte. 

El mal gusto no está en los chistes, la sonrisilla o el algo haría cuando hablamos de un tiroteo entre denominados delincuentes habituales (que no conocemos y que nadie nos explica cuáles son sus delitos), ni en el con esa vida que llevaba de la muerta junto a una carretera comarcal, con tacones y falda corta. Las voces de La Conciencia no tienen ni ecos para estos casos. 

El mal gusto, señorías, es hacer chistes cuando el muerto tiene nombre propio, y abre el informativo. El mal gusto está en hacer crítica al rico, porque se le envidia su riqueza, porque se le cuestionan los méritos de su incontable riqueza. El mal gusto es un tuit, un comentario en el chigre, una opinión, cuando el muerto es famoso, importante y rico. Porque los ricos merecen un respeto, con sus nombres propios, que los ánonimos no pueden pretender, porque no tienen un sólo nombre que llevarse al epigrama. 

Verán, querrán ustedes reducir la cosa -en pro de esa conciencia que ha de tenerse en estos casos- a que si izquierdas o derechas, a que si empresarios u obreros. Como si el hecho de ser obrero y pobre lo vacunase a uno de un pensamiento explotador. Yo entiendo que la cosa está en pensar que el poder lo han de tener unos (y guiarnos a los demás y hacer así avanzar el mundo) o que el poder ha de estar repartido (y que seamos todos dueños de nuestras decisiones y destinos y desatinos en igual medida). 
Y si has pensado que hacer un chiste del cuerpo sin vida de Botín o de Álvarez no es lo mismo que hacerlo del tipo que presuntamente intentaba follarse a un gallina cuando se murió, está claro que no crees que ante la muerte todo el mundo merezca el mismo respeto, que ante la vida seamos todos iguales. 
Albert Monteys para Orgullo y satisfacción. 
Read more »
1 com

La revolución no, pero la muerte sí será televisada


No soy quién para juzgar el duelo de nadie. No he vivido la pérdida de un padre (un padre que pierde la memoria, que está pero ya no es cuando se muere su hija mayor, un padre que años después de no ser aunque estar, se está muriendo). Mi padre vive y es. Y aunque no fuera así, no soy quién para juzgar el duelo de nadie. 
Quizás de repente te tiemble la identidad, quizás en lugar de recogerte en ti y en los tuyos, te expongas, te protagonices a ti y protagonices a tu padre. Quizás, ante ese final del de donde vengo, fagocites ante una sala llena de prensa y cámaras, al padre que todavía está
O con dolor, con una sensación de miseria en el cuerpo pero también de deber, recojas un testigo, un mandado, de algo que crees, o quieres creer, que tu padre querría que hicieras. (¿Tu padre querría que todo el país estuviera pendiente de sus últimas agónicas horas?). 
Y cuando alguien se duele recurre a aquello en lo que cree, a lo que se aferra, o lo que le ha pillado a mano. Por tanto, encomendarse a la fe, al dios que sea, es una cosa propia. De su duelo, de su búsqueda entre la penumbra, porque es cierto que el dolor nos ciega. 
Pero aún así, pese a tu dolor, pese a encomendarte a ti mismo la tarea de vocero de una muerte ya por siempre anunciada, si compareces como hijo del denominado primer presidente de la democracia en España, recuerda que ya que llamamos a esto democracia también decimos que es un estado laico. Y como tal, en un acto público, político, poco sentido tiene que en esa comparecencia ante los medios se hable de que el alma se la llevará Dios cuando considere. 
Que qué quisquillosa es una ante el duelo de un hijo. No. No lo imagino. Y además no quiero imaginarme su dolor. Un dolor que conozco por otras personas a las que quiero, a las que he acompañado. Un dolor que vendrá, claro, probablemente, y que no pienso adelantar bajo ningún concepto. No, es su dolor: que rece a los dioses que guste, que trace recorridos del alma por lugares mejores, que piense en la paz, que piense en la resurrección, que se aferre a todo lo intangible, que es una herramienta tan humana. 
Pero lo público, lo político. Si cuenta esto porque su padre (a diferencia del de mi madre) fue el primer presidente de la democracia en la historia reciente de este país, no viene al caso hablar de Dios.
Que qué quisquillosa es una ante el duelo del hijo de Adolfo Suárez. Quizás porque él quiso un micro y tuvo todos, para hablar de un hombre que, en la medida en que podía aportar luz a estos tiempos, ya se había ido. Pero no he visto todos los micros ante los familiares, los hijos, las madres, de los marineros que se murieron hace unos días. No he visto todos los micros ante los familiares de los hombres, las mujeres, que saltaron por la ventana antes del desahucio. No he visto todos los micros ante los familiares, los hijos, las hijas, de las mujeres asesinadas por sus maridos o sus parejas (cuánto psicópata con la misma tendencia, no tendrá que ver la educación? no tendrá alguien que decirles a ellos que no peguen, que no maten?). No he visto todos los micros ante la inminencia de la muerte de casi nadie. 
Y no los quiero.
Donde quiero los micros, todos, es en las calles donde las personas marchan y caminan por cambiar las cosas. Desde abajo, desde donde siempre han sido los cambios de verdad (lo otro son nomenclaturas, caras, sobres de colores). Quiero todos los micros, la tinta toda de cada plumilla, discos duros llenos imágenes que recojan la vida. La lucha. El cambio.  Micros paras las voces que hoy están vivas y hacen y afectan y quieren que sea por el bien de todos, de todas. Lo común. Claro, voces comunes. 
Pero ya lo decía la canción, la revolución no será televisada. Y eso que hay tantas televisiones encendidas esta noche...


Read more »
5 com

Ser madre


El día que mi hijo cumplió año y medio apenas me decía "mamá". 

"Mamá" somos su padre y yo. Indistintamente. Esto quiere decir algunas cosas, o ninguna.

Quizás quiere decir que el niño de dieciocho meses que desbloquea el ipad desde hace tiempo, que pone en el cd autoamplificado la música que quiere escuchar, que elige la película que quiere ver y la saca de su funda y la introduce en el cacharro adecuado para reproducirla de entre los mil cacharros susceptibles de tal fin de la casa; quizás quiere decir que el niño que corre y ríe y responde a indicaciones de dos y tres pasos, no está interesado en el lenguaje de los tipos altos que viven con él. 
O quizás quiere decir que el niño de dieciocho meses que camina por la calle, y a ratos pide cuello al tipo alto de barba y a ratos pide cuello a la tipa alta del aro en la nariz, no distingue al tipo alto de la tipa alta (que tan sólo son altos desde su mirar de niño de dieciocho meses) y por eso los dos son "mamá".

No dice "mamá", o no como quien coloca un libro en su lugar entre los libros. No nos sitúa en nuestro rol de, eso que hace el lenguaje indefectiblemente. De momento, aunque haya gestado el tiempo que tarda un cuerpo en gestar, y parido el tiempo que tarda un cuerpo en parir, aunque haya dado el pecho los días y las noches de más de medio año, las veces en que una voz y una mirada lo pedían, aunque haya cambiado pañales, aprendido a diferenciar las mucosidades de un cuerpo pequeño, aunque mi tiempo se divida en el biberón de por la mañana, las verduras y proteínas y frutas de la comida, la siesta, los cereales y lácteos de frutas de la tarde, la piscina, el cuentacuentos, el parque, el señor que está en rojo y no podemos pasar, el baño, el biberón de la noche, el cuento, la canción, la canción cantada suave, la última mirada antes de dormirme, la mirada a mitad de la noche; aunque el orden del mundo sea el mismo y ya por siempre nunca el mismo, hoy, que mi hijo cumple año y medio no me siento madre
Y no me preocupa. No cambia mi amor, no cambia mi responsabilidad, no cambia el miedo extraño y nuevo que siento cuando menos me lo espero. Pero ese sintagma "ser madre" no está, a día de hoy, ahí. Sé que lo sentiré cuando él me coloque ahí. Sé que este es un sentir conjunto, un largo plazo del que cada día se aprende. No quería hablar de si me siento o no madre yo hoy aquí. 

Pero entended que no entienda cuando leo en un periódico, de esos que aún aseguran ser prensa periodística contra todo hecho que lo demuestre, que cuidar de un bebé que morirá a las horas de haber nacido te hace mejor padre, mejor madre. Entended que no entienda que te digan que ya eres madre, eres padre cuando te anuncian que el embrión de tres meses de gestación no es viable para la vida. Entended que no entienda en qué piensa una mujer que llama terrorista a aquella mujer que decide sobre su cuerpo y que no quiere gestar algo que está por gestar.

No sé qué día se sintió madre Soraya Saenz de Santamaría, ni qué día se sintió madre Sylvia Plath, ni qué día se sintió madre mi madre. El día que se sintieron así fue el día que se sintieron así. Que yo hoy, que el niño de dieciocho meses corre, ríe y sólo a veces, como quien no quiere la cosa, nos llama "mamá" a su padre y a mí, no me sienta madre, es sólo cosa mía. Y no tiene que ver con el amor, con el cuidar, con, si me apuran y aunque no sea mi palabra favorita, la pertenencia

Ser madre es un constructo.  Como tal, es cultural. Como tal, es difícilmente impositivo. Como tal, en absoluto exigible. 

El día que mi hijo cumplió año y medio unas mujeres se levantaron para aplaudir a quien les quitaba el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. 

Y sobre esto le hablaba a un amigo escritor esta tarde, sobre cómo una ley que imposibilita que decidas sobre tu cuerpo te quita la libertad, no sólo de elegir el no, también de elegir el . Si te quitan la posibilidad del no, te están invalidando la libertad del sí. 


El día que mi hijo cumplió año y medio, mi vida -nuestras vidas- llevaba siendo mejor año y medio, aunque el mundo estuviera empeñado en ser más feo cada día.

Read more »
0 com

Esto no es un poema (II)



El nuevo plan de gobierno
pasa por rogar a todos los santos.


Sí, Teresa de Jesús,
qué larga es esta vida.
Qué poco podías suponer
tú allí en tu éxtasis
que siglos después 
el poder se te encomendaría.

A ti, que habitaste una celda
como celdas son las que ahora nos habitan.



Read more »
2 com

Listas, ciclos, pamplinas y todo lo contrario

Acaba el año. Hago una lista mental de lo vivido. Hago una lista por escrito de lo leído. Hago una lista para hacerla pública. 

Empecemos de nuevo.

Acaba el año. Pasa un día. Cambia el calendario, los números. Todo ese constructo que podría ser otro pero es éste. 
-Mamá, de haber nacido en otra parte, ¿sería judía o musulmana o me dirían que Dios es una mujer?
Podría ser otro. 

Hago una lista mental de lo vivido. Sí. Cosas buenas. Cosas no buenas. Alguna mala. Sonrisas si pienso en lo cercano, puños apretados si pienso lo de todos. 

Hago una lista por escrito de lo leído. ¿Por qué de lo leído? ¿Por qué no de los pedazos de hierba que he pisado descalza y me han hablado de otras partes, de otras personas que fueron y hoy son esa hierba? ¿Hacer una lista, entonces, es hablar de una, de cómo es, de cómo ha sido este año? 
- Queridos Reyes Magos: este año he sido buena.
- Querido FB: este año he sido lista.
¿Cuánto dicen de nosotros las cosas que pasan por nosotros sólo por el hecho de pasar? Hay quien atraviesa la ruta transamazónica con sus piernas y sólo te dice "una noche se rompió la tienda de campaña". ¿Qué dicen? ¿Por qué creemos que dicen eso, las listas?

Todo es constructo. Del tiempo y de nosotros. Todo podría ser de otra manera, decir otra cosa, empezar en otra parte.

Pero qué largo el invierno sin esta inflexión. Desde la creencia o desde el escepticismo. 
Qué largo el invierno sin hoy para parar o preguntarnos por qué otros paran.

Empezamos de nuevo.

Read more »
0 com

Y muerde



La publicidad canta Tú decides,
pero tu vida y tu cuerpo son de un dios
que no existe.
Tú decides el perfume en el cuello
pero no los ritmos de tu vientre.

Y el spotify canta be yourself,
siempre que no improvises.

Siempre que no digas Hasta aquí,
siempre que aceptes que eso es un carro
y te subas y lo empujes cuando haya que,
porque es un carro que, dicen, se mueve,
pero tú solo ves un paisaje que se rebobina.


Caló el tópico latino
más de lo que calaron Vallejo, Hernández,
Hierro.

No te mueras, te amo tanto.
Pero no,

a fuerza de
homo homini lupus


el hombre, que es un lobo
para la mujer y para el hombre,

nos muerde.



Read more »
6 com

Los estúpidos


Al hilo de "la polémica de Albert Pla" y con la lectura de "Las leyes fundamentales de la estupidez" de Carlo M. Cipolla (Allegro ma non troppo) aún rondándome lo he visto con claridad: nos gobiernan los estúpidos. 

Por hacer un resumen de una noticia que ha volado (no tanto algunos desahucios, no tanto que a los enfermos de cáncer les toca arruinarse o casi arruinarse para pagar sus medicamentos): Albert Pla va a dar un concierto en el Teatro Jovellanos de Xixón. Albert Pla dice en una entrevista cosas que, por otra parte, suele decir Albert Pla. Un edil del PP de Xixón se ofende y pide que se suspenda el concierto. Mucha gente que no había leído la entrevista en cuestión se ofende también y secunda la moción diciendo que con su dinero no se pague a semejante "faltoso". El concejal de Cultura de Xixón accede a la petición y suspende el concierto argumentando que a los gijoneses no se les ha de faltar al respeto

El argumento fundamental de los ofendidos ha sido que con el dinero de los gijoneses no se puede pagar a quien los ha insultado
Albert Pla iba, como es costumbre de un tiempo a esta parte en la gestión de muchos teatros y entre ellos el Teatro Jovellanos, a taquilla. La taquilla se compone únicamente del dinero de quienes han, libremente, comprado su entrada para ver a un artista cuyo espectáculo lleva por título: "Manifestación: tu vida es una mierda y lo sabes". Quienes han comprado su entrada saben de qué va la cosa. 
Al anular el concierto por parte del Teatro Jovellanos, es el propio teatro (a la sazón el ayuntamiento de Xixón) quien incumple el contrato. Al incumplir el contrato, es el Ayuntamiento de Xixón quien ha de pagar a Albert Pla.
Quienes no querían pagar a Albert Pla tras sus declaraciones hacia los gijoneses son quienes han logrado que todos los xixoneses paguemos ahora a Albert Pla por el concierto que no tendrá lugar. 

Y esto, en la imprescindible (y no por divertida menos acertada, qué cosas) teoría de Cipolla, es lo que se define por estúpido: aquel que -mientras los inteligentes generan beneficio a otros al tiempo que a sí mismos; los incautos se generan perjuicio generando beneficio a otros; y los malvados se generan beneficio a base de generar perjuicio a otros- se genera perjuicio generando perjuicio a los demás. 

Los estúpidos, esos seres inesperados, impredecibles, peligrosos por su falta de lógica, su falta de cálculo, su manera de pasar inadvertidos hasta que la lían. 

Los estúpidos, esos seres que sobre todo abundan en cargos públicos y en aquellos que los aúpan. 


Read more »
0 com

Tetas



Cuando el sabio señala al cielo, el tonto mira el dedo. Y ya que no hemos demostrado como sociedad ser muy listos miremos pues el dedo, las tetas. 

El pasado miércoles se colaban en el Congreso de los Diputados ellas y sus tetas. Tres mujeres activistas de Femen y sus tres pares de pechos. También se colaban, con ellas, con sus tetas, unas ideas, una actitud, una decisión y no poco valor, que bien sabemos cómo se castiga cualquier acto de expresión no previsto dentro del Congreso. Bueno, o quizás no lo sabemos queremos saber. Su determinación. Su aguante (no he visto que nadie lo comente pero, por lo general, estos actos no son ni tan frecuentes ni tan retratados ni logran prolongarse tanto dentro del hemiciclo). Dicen "aborto es sagrado", pero casi nadie entra a discutir el slogan (que es para eso, así se ha pensado: para discutirlo, porque la discusión visibiliza). No importa lo que digan, lo que ha importado son sus tetas. Su torso descubierto, el de tres mujeres jóvenes y en forma. Atractivas, claro.

Fotografía de Jaime García

De repente va todo sobre eso. Sobre "lo buenas que están" quienes se muestran. De repente lo que ha importado es si quienes participan en estas acciones forman parte del canon estético. Como si tener unas buenas tetas hubiera de liberar de ciertas reivindicaciones. Como si con tetas hubiera paraíso, y entonces toda reivindicación careciese de sentido.

Las feministas que protestan han de ser como suponemos que son esas feministas, como se nos ha dicho que son, como queremos que sean. Invisibles. 

Invisible como la lactancia materna ha de serlo. Es lo natural y eso ha de ser. Una madre ha de amamantar a su bebé. Cuanto más tiempo mejor. Una cosa que puede tener muy clara toda persona, haya o no dado el pecho, tenido hijos, criado hijos. Que se haya o no interesado por bebé alguno. Eso sí, no des el pecho en público. No me enseñes tu teta hinchada en público, de la que mama una hija, un hijo. Decoro. Respeto. A-de-cua-ci-ón. Aunque no hay fallo ni falta al respeto si se decora la ciudad con mupis que insinúen pechos bajo finísimas telas de perfume o lencería. La publicidad sí sabe cómo enseñarnos unas tetas. No las madres lactantes. No las mujeres que reclaman sus derechos.


La publicidad sí sabe. Sabe dirigir el último vídeo de Miley Cyrus para que pensemos qué libre es la ex-disneystar. Libre para participar de esa estética que invita a ver a las mujeres como objeto de deseo, como objeto de obsesión, como objeto de violación. Lánguidamente pasiva frente a la bola de demolición que cuelga. Qué puritana Sinead O'Connor recordándole que sin desvestirse también tiene talento. 

Algún caballo absurdo debe haber pasado por delante de nuestra sociedad para que creamos que es más libre Miley Cyrus enseñando el pecho sin que lleguemos a ver ni el borde de la aureola que tres mujeres en tetas gritando dentro del Congreso en defensa del derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Alguna cortina de humo nos nubló los pulmones para que parezca más obsceno alimentar a una criatura que posar como si aceptáramos que nos violaran para vender unas bragas. 

O será que no era la cosa como nos decían, que caló el cuento aquel de que se había logrado una sociedad igualitaria, que eso ya era una cuenta pendiente en el tercer mundo y los países árabes.

Mientras tengamos que estar explicando que nuestras tetas son nuestras, y porque una no puede estar cabreada todo el día con la pesadísima hipocresía del patriarcado, acudiré por ratitos a fragmentos como éste de New Girl en el que Jess (Zooey Deschanel) y Cece (Hannah Simone) se enfadan y tienen una pelea a base de golpearse una a la otra las tetas. Y si crees que lo que te vas a encontrar es "otra pelea en el barro" échale un ojo. 

Read more »