Tetas



Cuando el sabio señala al cielo, el tonto mira el dedo. Y ya que no hemos demostrado como sociedad ser muy listos miremos pues el dedo, las tetas. 

El pasado miércoles se colaban en el Congreso de los Diputados ellas y sus tetas. Tres mujeres activistas de Femen y sus tres pares de pechos. También se colaban, con ellas, con sus tetas, unas ideas, una actitud, una decisión y no poco valor, que bien sabemos cómo se castiga cualquier acto de expresión no previsto dentro del Congreso. Bueno, o quizás no lo sabemos queremos saber. Su determinación. Su aguante (no he visto que nadie lo comente pero, por lo general, estos actos no son ni tan frecuentes ni tan retratados ni logran prolongarse tanto dentro del hemiciclo). Dicen "aborto es sagrado", pero casi nadie entra a discutir el slogan (que es para eso, así se ha pensado: para discutirlo, porque la discusión visibiliza). No importa lo que digan, lo que ha importado son sus tetas. Su torso descubierto, el de tres mujeres jóvenes y en forma. Atractivas, claro.

Fotografía de Jaime García

De repente va todo sobre eso. Sobre "lo buenas que están" quienes se muestran. De repente lo que ha importado es si quienes participan en estas acciones forman parte del canon estético. Como si tener unas buenas tetas hubiera de liberar de ciertas reivindicaciones. Como si con tetas hubiera paraíso, y entonces toda reivindicación careciese de sentido.

Las feministas que protestan han de ser como suponemos que son esas feministas, como se nos ha dicho que son, como queremos que sean. Invisibles. 

Invisible como la lactancia materna ha de serlo. Es lo natural y eso ha de ser. Una madre ha de amamantar a su bebé. Cuanto más tiempo mejor. Una cosa que puede tener muy clara toda persona, haya o no dado el pecho, tenido hijos, criado hijos. Que se haya o no interesado por bebé alguno. Eso sí, no des el pecho en público. No me enseñes tu teta hinchada en público, de la que mama una hija, un hijo. Decoro. Respeto. A-de-cua-ci-ón. Aunque no hay fallo ni falta al respeto si se decora la ciudad con mupis que insinúen pechos bajo finísimas telas de perfume o lencería. La publicidad sí sabe cómo enseñarnos unas tetas. No las madres lactantes. No las mujeres que reclaman sus derechos.


La publicidad sí sabe. Sabe dirigir el último vídeo de Miley Cyrus para que pensemos qué libre es la ex-disneystar. Libre para participar de esa estética que invita a ver a las mujeres como objeto de deseo, como objeto de obsesión, como objeto de violación. Lánguidamente pasiva frente a la bola de demolición que cuelga. Qué puritana Sinead O'Connor recordándole que sin desvestirse también tiene talento. 

Algún caballo absurdo debe haber pasado por delante de nuestra sociedad para que creamos que es más libre Miley Cyrus enseñando el pecho sin que lleguemos a ver ni el borde de la aureola que tres mujeres en tetas gritando dentro del Congreso en defensa del derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Alguna cortina de humo nos nubló los pulmones para que parezca más obsceno alimentar a una criatura que posar como si aceptáramos que nos violaran para vender unas bragas. 

O será que no era la cosa como nos decían, que caló el cuento aquel de que se había logrado una sociedad igualitaria, que eso ya era una cuenta pendiente en el tercer mundo y los países árabes.

Mientras tengamos que estar explicando que nuestras tetas son nuestras, y porque una no puede estar cabreada todo el día con la pesadísima hipocresía del patriarcado, acudiré por ratitos a fragmentos como éste de New Girl en el que Jess (Zooey Deschanel) y Cece (Hannah Simone) se enfadan y tienen una pelea a base de golpearse una a la otra las tetas. Y si crees que lo que te vas a encontrar es "otra pelea en el barro" échale un ojo. 

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