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Papel a punto de en El Cuaderno


El oficio de todos

Estíbaliz Espinosa reflexiona sobre la relación con la obra propia en papel a punto de, su primer poemario publicado en castellano

Tengo menos de 20 segundos para cautivarte, vengas de donde vengas.// De no hacerlo, te marcharás para siempre sin recordar en qué página leíste esto. Y el lector sabe que aquí no hay exageración o literatura. Veinte segundos es nuestro margen de impacto. Los spots, los inicios de: el espacio de tiempo máximo que soportamos sin estímulo son diecinueve segundos. Si llegamos a veinte sin que nada haya pasado (un grito, un timbre, una idea, pornografía o muerte), nos vamos. Nos vamos y rara vez volvemos. Espinosa lo sabe, entiende que hay en cada poema una demo implícita. Que el azar es así, hace que leamos una página casualmente, y que metamos la causalidad en los bolsillos. La búsqueda no es en cada elemento. La búsqueda, entre tanto y tanto, es en el entorno.

Poeta. Mujer. Gallega. El ADN no se reconfigura o disfraza llegados al verso. No deja de ser en la voz nada de lo que es. Pero, entiéndanme, aquí no estamos frente a un diario, unas anotaciones personales de chica contando “cosas de chica” (¿?), la vida de provincias, el autobiografismo porque todos somos especiales y no hay paradoja que valga. Es la última parte del libro, “fluido rosa”, en la que más patente queda quién es la poeta y, con todo, quién es el lector. Qué somos, qué nos une en esta reflexión sobre la obra propia que construimos. El futuro, quién estará detrás.

Me obsesiona la obsesión de un neandertal./ Si algo intuyó sobre el tiempo que le quedaba./ Si acertó a adivinar qué especie torpe le haría tropezar. Espinosa generosa una “base de datos” de obsesiones, como a quien le ronda el número pi y no sabe o no se atreve a saber qué hay de ciencia en nuestra neuras, cuánto somos de un pensamiento que viene y va más allá de nosotros. Acabarse. Acabar. El fin y, por tanto, la finalidad, como aquello que sí y que no. Que sí por la falta que (nos) hace, y que no por el miedo que causa. Ese conflicto está en el propio título “a punto de”. Versos que se cierran porque precisamente no acaban. Un ejercicio de exploración, que no de tanteo. Porque llama la atención, con tanta tediosa tendencia a aproximar -ese pecado de poetas que se inician en inicios (y aquí nada significa la edad) con la contundencia de quien vuelve- , esta poesía que se sumerge. Que si vértigo, de dónde. Que si efímero, hasta cuándo. bajo esta página, nuestro talento:/ forma bastarda por la que preguntar/ cuando nieva/ y perdemos las huellas de los de nuestra especie.

La obra. Sentarse por la parte de atrás de un poema y verse escribiendo, con un reconocimiento lejano. Ese aire familiar que nunca acaba por pertenecernos. Ese acudir a las voces que han enseñado todo, invocar al conocimiento hecho mujeres concretas, y reconocer (reconocerse) eslabón poco digno ante el ojo crítico de la Historia (si es que Historia). Me acuso de no pertenecer a vuestra estirpe/ de haberme separado de vosotras/ de la esfera imantada de vuestra concentración/ para mezclar mondas de patata con teoría de redes/ energía oscura del cosmos profundo con una superficial vida de provincias/ la sofisticada vergüenza moral de Guantánamo con la emoción barata/ de escuchar perorar a mi hijo.

Estíbaliz Espinosa habla a punto de lo que somos y lo que dejamos. Habla de la poesía, y no. Habla del futuro, en lo que importa para entendernos ahora. Poeta. Mujer. Gallega. Y sin dejar de ser nada de eso, sin impostar ninguna voz, hablar de lo que le importa a un oficinista de Murcia, a un yupik de Alaska, a ti que lees esto. Espinosa escribe sobre el oficio de todas, la preocupación de todos, la pregunta que no deja de estar. La incertidumbre. Vivir a punto de.


Reseña publicada en el suplemento de cultura El Cuaderno, nº20 (La Voz de Asturias).

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Barra americana en El Cuaderno


Mapa verbal de la no-memoria

En Barra americana se traza un recorrido por los textos y los territorios para hablar con el lector de allí donde ya se ha estado

Los dedos manchados de kétchup como prueba del delito. Llevárselos a la boca con la costumbre de no dejar rastro. “Y a otra cosa”, nos dice el poeta que escribe y da clases. O el profesor que pasea por los estados de ánimo de una tierra a la que le trazan la identidad a 25 fotogramas por segundo. Cómo no sentir nostalgia si ya se ha estado. Hollywood lleva décadas dejándonos las vacaciones en los USA a precio de entrada de cine, o a golpe de mando a distancia en la sobremesa. Cómo no sentir que cada llegada, a través del relato funambulista entre la ficción y otra cosa de Javier García Rodríguez, es un retorno a.

En Barra americana hay un yo biográfico, que ejerce de yo cuando quiere y cuando no se pasea por el campus infinito de un país donde todo es escuela. Lo autobiográfico que arranca el motor de este conjunto de textos de catalogación complicada (suerte que no trabajamos en un supermercado de narrativas para colocar cada fragmento en un estante) se desdibuja y poco importa. Si ya nos dijeron que la memoria es mentira, asumir que la biografía también es más un acto de coherencia que una trampa al borde de cada página del libro. Y es un tanto cínico asumir como mentira aquello que por ahorrarse aristas de verdad se hace más verosímil, hasta el punto de importar al lector, de afectarle. Como decir, tú también has pisado el campo de sueños de Iowa. Tú también estás esperando batear esa dichosa bola.

Hay hoteles y cafeterías y las geografías propias de un relato de viaje. Igual que hay poemas, diálogos entre lecturas y textos, autores citados y autores que no acuden a la cita pero dejan una excusa que acaba por ser, en ausencia, literatura. Más que zapping lo suyo es hablar de hipervínculos. Las ideas se van relacionando como el mapa de una red social que en lugar de acumular sólo nombres (edad, vive en, es de, le gusta) vincula ideas, versos apuntados en márgenes y escenas de hace años que se recuperan los olores, el ruido o aquel silencio.

Barra americana se llena de advertencias que fingen ser retórica que a la vez fingen ser advertencias. Incisos al lector. Una interacción que funciona, porque -aunque este libro no es un videojuego y el rol del lector es el que es, pasivo- se activa por dentro una respuesta. Ejercicios que parecen de taller literario pero que son de taller de lectura, esto es, de vida. Sin temores, no están frente a una taller vital a lo Paulo Coelho –no les haría eso-, sino ante un taller de experiencia. En el modo de contar y de que lo contado adopte sus formas. En el modo en el que lenguaje (igual que dicen de la literatura) es vida, y la vida lenguaje.

No nos sobra un autor que en estos tiempos recuerde que en la escritura está respirando la lectura. No que lean, sino todo lo que se ha leído para llegar a esas líneas, a ese momento de narración, de imagen hecha palabras que a la vez son otra cosa. No nos sobra un escritor que se sienta lector e investigador del verbo hecho carne narrativa. Que además de dejar que le acompañemos en un paseo por una memoria juguetona, allá por los años y Boston, las gentes y Florida, los cafés americanos y cierta América, nos deje acompañarle en la reflexión. Un paseo kantiano, por esto del paseo y la idea, que compensa la exigencia con interés, que atrapa, que divierte (como ya divirtió y atrapó con Mutatis Mutandis, Eclipsados, 2009). Que toca justo ahí, y deja al lector la labor de hacerse cargo (como ya incidía justo ahí con Estaciones, KRK Ediciones, 2007 y Qué ves en la noche, Ed. del 4 de agosto, 2010).

Créanme, no nos sobran escritores que se tomen tan en serio la cosa literaria como para lograr una obra que parezca un operador de ensayos no destructivos. “Y pienso que -curiosamente- así se puede resumir una vida”.


Reseña publicada en el suplemento de cultura El Cuaderno, nº16 (La Voz de Asturias).

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Sobre el FICX 49 en El Cuaderno


Elija su propia adolescencia


Ser adolescente cuando eres adolescente es una mierda y te vas al cine. Si cuando eras adolescente no te parecía una mierda serlo, pasa al texto siguiente. Si no ibas al cine vuelve a la página de 1999. Suerte. Si te vas al cine, continúa leyendo.

Ser adolescente es la piel permeable. Y como también existen el diseño de interiores y sus modas, lo suyo es mirar de qué se viste una por dentro. Si de Kate Winslet a golpe de bucle o de heroína al borde del tanga sacada de alguna teleserie del país. Pero col aire les castañes, si pasabas esa adolescencia -que en verano tiene su gracia y en invierno ni puñetera- en Gijón podías pasarte unos días siendo otras cosas (no personas, no perros, marque la casilla “otros”) desde una butaca de cine. Más de una semana de Festival. Aquello a lo que los profesores te animaban tanto a ir que daba igual el examen. Aquello que contenía títulos en tantos idiomas, algunos por estrenarte la lengua, los oídos.

Y es cierto que importa muy poco todo (amalgama entonces de deberes, deportes, microsociedades y quéesesodelfuturo) mientras un disparo detona el principio de Ken Park (Larry Clark, 2002) o las imágenes fijas acaban siendo movimiento en La jetée (Chris Marker, 1962). Poco cuando sorbes con pajita un refresco de cola en algún café francés sabiéndote estereotipo de damme sans merci de la nouvelle vague, esperando a un Patrick porque Tous les garçons s'appellent Patrick (Godard, 1959). Muy poco mientras atraviesas el pueblo vecino preguntándote dónde está la casa de mi amigo (Khane-ye Doust Kodjast, Kiarostami, 1987). Eres en pantalla grande el primer Harrison Ford, aún con astillas entre las uñas, sobre un coche que al pisar el acelerador dejar un graffiti americano (American graffiti, George Lucas, 1973) y el terror en las sombras sobre el rostro de un estudiante (Der student von Prag, Rye y Wegener, 1913). O quien pasea por el puente de Toledo en un día de escapada, con la misma adolescencia y otro tiempo en El buen amor (F. Regueiro, 1963).

Eres, es cierto, los ojos abiertos y las manos sin palomitas. Eres cada uno de los cuatrocientos golpes (Les Quatre cents coups, F. Truffaut, 1959) y el rollo cambiado del metraje de Ditirambo (G. Suárez, 1969). Eres otro modo de ser y estar en esos diez días de cine. El alivio fresco a la salida de Visitor Q (Takashi Miike, 2001), la lágrima rápida en el de al lado mientras The war game (Peter Watkins, 1965). Y el personaje de Oksana Akinshina en Lijla 4-ever (Moodyson, 2002) tiene más que ver contigo que los libros en la mochila Randa pintarrajeada. Eres los ojos abiertos y las ganas de los ojos tras el objetivo. Eres el deseo de estrenar un cortometraje, como Sergio G. Sánchez con 7337 (2000). Eres las ideas para una película, la historia en los labios. Una manera de estar más parecida a la manera de estar que acabarás por ser.

Si el Festival Internacional de Cine de Gijón te salvó un poco de odiar tu adolescencia igual a todas las adolescencias, pase a la edición 49. Gracias.


Texto publicado en El Cuaderno nº5. 13 de noviembre de 2011.

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El sentido del destinatario

Siempre sabemos a dónde ir. Cómo no saberlo a golpe de Tom Tom, de GPS, de callejero en realidad aumentada. Cómo no saber a qué hora llegaremos a. Cuál es la dirección de. El destino, el destinatario, son más ciertos que nunca, ahora que todos podemos saberlo todo. Otra cosa es entender. Porque tener una dirección no es siempre saber cuál es el sentido. Y hace falta en esto de las indicaciones, o los poemas.
Para Agudo, en 28010, las coordenadas suenan, se organizan, nos ubican, narran. Un timbre, un envío, el sentirse destinatario de. Poco importa el "de". El "de" lo es todo. Importa ser destinatario. Reconocerse en un nombre, en un significante al que una misma significa. Por eso en todo lo que rechazo palpita mi postura; y entre lo que fui y no fui, mis frustraciones; y entre lo que soy y seré, una bandada de verbos, siente la poeta al deletrear su propio nombre, en un ejercicio de identidad que identifica como "Fonética". Bajo este nombre transcurre la primera parte de un poemario centrado en la búsqueda, consciente de lo que eso supone, conocedora la voz poética de la tradición que rodea ese tema, asumiendo los vicios de quien busca con palabras, ganándose el respeto entonces de todos aquellos que andan buscando y casi ni lo saben: Dadme mis letras para recomenzar. Dadme aunque sea un cero, pero uno completo, cuadrado y sin fisuras.

La reseña sigue en Poesía Digital, puedes verla aquí.
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Poesía Digital llama a Fernando Beltrán

Cuando el verso es noche, y es habitación

Fernando Beltrán, Donde nadie me llama (Poesía 1980 – 2010), Hiperión, Madrid, 376 pp., 2011


Están por todas partes. Acusando con el dedo a quienes destruyen el lenguaje. Dicen que la lengua se ensucia, se estropea. Están por todas partes para hablar de una epidemia que no se alcanza a entender y, sin embargo, son ellos los que desgastan muchas palabras. Usándolas sin entenderlas. Cansándolas, sin dejarlas ser. Los que sólo conciben un modo de comunión, una manera de compadecer, un cuarto sin más por habitación. Por eso, por este masticar sin sentir y por este ruido de reivindicaciones absurdas, resultan tan necesarios libros como Donde nadie me llama, el volumen que recoge la obra poética de Fernando Beltrán.

El lenguaje en la poesía de Beltrán es un mapa indiscreto. Aparece por rincones que creíamos conocer y se entromete, revuelve y nos descubre significados latentes que no mirábamos. Una copa de vino / apenas sostenida / por un hilo de sed, // así el amor. Y así el verso de Fernando Beltrán, en el que la noche, además de vivirse, se habita. Como en una realidad alternativa, con un tiempo más denso, están los poemas de Bar Adentro, publicados por primera vez por El Barco Ebrio en una edición acompañada de ilustraciones de diferentes artistas y que ahora vuelven a la barra libre del libro en Donde nadie me llama. La noche se camina y, como abre esta antología a través de Neruda, "de tanto amar y andar salen libros".

Puedes leer la reseña completa aquí.
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Diariu d´una poeta recién cansada (últimu)

El vezu de pesllar

Va tiempu yá, dalguién dixérame que nel espaciu que dacuando tenía pa falar de llibros o de cine o daqué, bien taba contar coses perimportantes. Nun-y falé entós de qu´el compromisu nun ye un discursu obviu, les más de les veces. Callé y al tiempu entamé a collaborar, gracies a la xenerosidá de Xuan Bello, na edición dixital de Les Noticies. Depués, les coses y la muda fueron pa Madrid y dende ellí apruciera esti diariu que nun ye tal. Un poco pola gracia de camuda-y el títulu a Juan Ramón Jiménez, autoridá incontastable na mi casa del añu pasáu.

Per equí pasara la vida y el so añacu. Les ausencies, les batalles que nun se ganaren (y les que sí), lo invisible y lo qu´hai quien miren por invisibilizar. Lo bono que nun vemos y qu´esiste porque tamién hai xente terco comprometío. Una voz, namás. Unos güeyos. Un vezu de tar que tamién precisa d´etapes. Esa manía tan común y nuesa, de dibuxar círculos como aniellos dientro d´un árbol.

Pesllé casi too d´un tiempu y namás arrastraba dalgún cabu. Ye preciso ciarrar la casa dacuando. Ye preciso entamar un cuadernu colos bordes llimpinos.

D´estes anotaciones nun hai intención d´aforrar lo efímero. Poco ye que permanezca, menos unes llínees.

D´esti espaciu, la xente que me fizo sentir como en casa, ellos saben quién. L´arguyu de compartir páxina con dellos meyores escritores d´esta tierra. De lo deprendío, muncho, gratitú. De lo que tea por venir, fermosu vértigu. Y pel camín, aguantar ensin perdenos.


Les Noticies, 17 d´abril de 2011

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Sobre "Adulto extranjero" en Poesía Digital



Dice Martín López-Vega: "un poema es una máquina para explicar el funcionamiento del mundo". Dice: "escribir poesía tiene algo de filosofía, algo de matemática y algo de medicina". Dice que, con todo, "no es nada científico". Dice: "esa máquina llevamos siglos intentando escribirla entre muchos". Dice máquina pero nadie piensa en Hall 9000. Nadie dice tecnología. Claro, nadie dice tecnocracia. Dice máquina y en la cabeza surge una mezcla entre el steampunk y seres orgánicos de otro tiempo. Un cyborg hermoso, y a la vez común. Un cuerpo conocido que nos cataloga cuando entramos en un museo, así, y sin más, la vida.

Lee la reseña completa aquí.


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Diariu d´una poeta recién cansada (nosécuántosydalgúnmás)

Kilómetros d´espaciu

Qué son diez kilómetros. Qué son, Alonso. ¿Vas dicímelu tu? ¿Son qué? Una hora más pa llegar a Madrid si sumamos y sumamos. Casi non. 110 kilómetros y toos lleven les manes a la cabeza. Que nun llexislen. Que nun nos quiten esos derechos nuestros. Si nun fumamos, si nun corremos: qué ye lo que somos. La nuestra identidá márcase en diez kilómetros. Y yá nun soi quién a camudalo. Que lo explique´l gurú. Que lo diga Alonso.

Si nel informativu los deportes manden, si les noticies cuenten col patrociniu de sponsors, nun voi dexar qu´ocupen tolos espacios. Esti kilómetru nun pertenez namás qu´a la dedicación. Que seya pa ellos, pa los guah.es de Truequedart, que trabayen na creyencia de qu´el trabayu tien resultaos. Tocar en La Riviera, preceder a Ojos de Brujo na so gira de despidida. Facer música con concencia, molestase en glayar verdaes y non tópicos. Imanol Núñez, Antón Ceballos, Sergio Pevida, Iván Lomas, Aníbal Menchaca, Mario Fueyo. Los sos nomes. Les sos voces y les sos manes tocando notes ciertes. Les ganes. La persistencia.

Qué son diez kilómetros n´ónde. Qué son n´America (onde dir a cien milles ye dir a ciento sesenta por hora). Qué son en Libia (onde la velocidá mídese n´otros parámetros). Aforrar enerxía nel kilometraxe, pero los tertulianos acuden quemando suela, quemando fuel, a dicir les babayaes de turnu.

Esti espaciu, esti kilómetru, pal que lu trabaya. ¿Que son collacios de los que falo? Y a honra. Nun voi dir yo tamién a pregunta-y al corredor de Fórmula 1 qué piensa de la velocidá, del puru vértigu.


En Les Noticies, nº 724

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Elegía, de Mary Jo Bang

Si alguna vez se pensó en la escritura como terapia, llega Mary Jo Bang a extender el dolor. No hay cura. No hay plaquetas. Esta herida se derrama delicada y contundente (porque pueden convivir los dos estados) y nada la cierra. No el tiempo, un ciclo como un año que es muchos años. No la poesía. No el orden, que es orden a su manera. «Tuve una vida. Después un asesinato de ángeles cobardes/ que aparecieron vestidos de cuervos.» Drama sin catarsis. Explosión, pero no alivio. Como si algo pudiera doler, y doler, y no hacer otra cosa más que seguir doliendo. “Estos pájaros comen y comen. Todo se lo comen”.


Si quieres leer la reseña completa, ve a La tormenta en un vaso.


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Diariu d´una poeta recién cansada (nosécuántosydalgúnmás)

Iconos ensin usar nel escritoriu

Rebáxame, tiempu. ¿Nun me ves? Ando de saldu. Tengo tares, tengo un corte que yá nun ye de temporada. Por tener, tengo corchetes y campana, llunares y hombreres. Rebáxame, tiempu, qu´ando desfasada perdía. Qu´entovía lleo periódicos cola fe de la que llevanta ceo pela mañana. Que siento les noticies y discuto cola radio, cola tele. Rebáxame, que soi una ciudadana de saldu, qu´amontona informaciones, que-y sangren partes del mundu y nomes propios que malapenes ye quien a pronunciar. Que detesto acumular iconos (iconografíaes tamién) nel escritoriu del portátil, que diría´l poeta de L.lena. Que creo que lo virtual sí ocupa espaciu.

Rebáxame, tiempu, que nun voi acorde contigo. Qu´esmolezme la falta de perspectiva, el tratamientu informativu de la tregua de ETA (¿quién fala yá d´ETA, non?), les babayaes de chigre vertíes nos debates televisivos sobre l´agresión del Conseyeru Cultura de Murcia, les insensateces de González-Sinde, que fala de too menos de comunicación, d´arte. Nun toi na onda, nun veo los programas líderes d´audiencia, nun sé quién ye esa xente que cuenta la so vida o esos guah.es que canten garrando´l micro como garren los pompones les cheerleaders americanes.

Rebáxame como tien que ser: tírame pel suelu. Manda, tiempu, a les tos dependientes qu´embarullen too esto, que nun quede claridá nenguna, que quede ente los dientes esi regustín prestosu a caos. Que cuando llegue la xente ande como si una revolución pasara per equí. Y que nun-yos importe que siga ensin pasar.


Artículu espublizau nel númberu del 23 de xineru de Les Noticies.

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Diariu d´una poeta recién cansada (nosécuántosydalgúnmás)

Autoría

Hai un home n´España que rexístralo too. Hai un home que mira polos derechos de los artistas, esa xente especial, que nun faen lladrillos, nin llimpien les cais, nin conducen autobuses, nin desgüesen jamones. Esi home, apellidau Bautista, nun quier qu´un autor pierda lo que ye suyo. Y, de perdelo, que-y quede a él y a la so iniciativa. La SGAE nun ye una institución, pero paezlo. Si nos despistamos, una ONG, un ente caritativu.

A grandes nomes de la vida pública, como Bautista o Sinde esmolezyos qu´un autor dexe de ganar les perres que-y corresponden. Anque pa ellos, autor (editor, lu llamen) ye daquién como Bisbal, por eso de que da vueltes sobre sí mesmo y tal orixinalidá-y pertenez. Lo que ya nun ye tan preocupante ye que se sepa de quién ye el qué.

Internet ye esi animal por amansiar. “Ehí nun esisten les regles del xuegu”, llamentaba la exdirectora de cine, güei Ministra de Cultura. Tien qu´haber regles, a ver si no. Nun queremos oyer nin lloñe´l término “anarquía”. Internet facilita descargar de baldre. Caca. Probe industria. Nadie diz que n´internet puen escaecer quién ye l´autor d´una semeya o d´un vídeu. Qu´internet siembra hongos, setes que ñacen por xeneración espontánea.

Eso nun importa. Eso nun se contabiliza, eso nun rinde. Eso ye, en too caso, pensar nos autores que xeneren cultura, que anden nel texíu d´un pueblu, que cuenten nel presente la historia de nueso.

Equí un autor ye un autor cuando dizlo la so nómina.


Artículu espublizau nel númberu del 07 de xineru de Les Noticies.

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Reseña de "Les páxines blanques" en Estoyu #02

El ruxir de los serenos

Les páxines blanques

Rubén d´Areñes

Uviéu. Ediciones Trabe, colección Albera 65, 48pp.

Premiu Ferrán Coronas 2008

Abrir un llibru como quien entra pa un cuartu. Mirar primero les paredes, el vacíu y l´orde que lu componen. Un cuartín escuru y ehí, colocada con procuru, atopamos la poesía abierta de Rubén d´Areñes, unes páxines blanques que, con too y con eso, nun son nueves.

Entama´l poemariu con “Cicatrices”, presentación de la so voz poética que ciarra con unos versos que fain eco: “Soi una páxina blanca/ acutada pa les esqueles”. Y siguen quince poemes de linguaxe delicado, de pallabres que cuerren como sangre, porque D´Areñes busca la plasticidá del verbu, como quien quier dibuxar la enerxía. Ello ye porque les pallabres capaces de dar vida, como nel casu d´ “Artículos robaos”.

Nos versos de Les páxines blanques, la ausencia ye un estáu climáticu, la humidanza y la escuridá, caldu de cultivu. La figura de la muyer nun ye la Wendy de Barrie, nin ye la solombra de Rilke, sicasí ye madre y dolor y necesidá y, claro, guapura. Asina ún de los poemes más sólidos d´esti llibru, “Cuando a ella- y duel”. Hai animales nes persones qu´habiten estes páxines. Hai pallabres como cicatrices, que namás busquen lo que busca la lliteratura, el poder de la evocación: llevanos pa casa.

Y ye que a D´Areñes se-y pue dar la mesma crítica que a otros autores mozos –casu d´Héctor Pérez Iglesias o Laura Casielles-, que la so mirada ye madura. Nun fala dende la prisa o el vértigu. Nun s´apura en facer crónica del so tiempu, sinon del tiempu. La infancia más que locus amoenus ye ancla, asina el poema “Les llecheres”. El tempus fugit abórdase dende la belleza, como n´ “Atapecer”. Crítica que nun ye tal, sinón la virtú d´esta poesía que nun se conforma. Que, dende la serenidá de lo aprendío, asume qu´el poeta ye un enfant terrible ensin querer. Que nun pue ser más que un cazador de relós, daqué críticu. Que, como diz el poeta Alberto Porlan, nun se xunta con otros cazadores (llibertadores de pallabres) porque yá se conocen.


Sofía Castañón
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Diariu d´una poeta recién cansada (nosécuántos)

Aliones

Falamos d´altures. Les qu´atestaya´l tiempu y les que se crucien pelos aires. Falamos d´estes altures nes que tamos, onde yá somos quienes a entender qué ye lo que pasara y qué sedrá eso. Un paru. Un paru ensin nenguna de les dinámiques propies de la güelga. Eses güelgues que costaren a trabayadores del metro de Madrid nel branu los sos empleos. Eses güelgues que yá tán prohibíes notros países y naide nun diz nada.

Los controladores aéreos esisten, anque enantes nun paecieren más qu´una intuición, como ñubes escorriendo sobre les que posar los aviones. Esisten y pararon va unos díes, d´un xeitu ilegal, coactivu. Quiciabes porque queríen conseguir daqué, claro. Nun creo qu´estes midíes seyan platu de gusto pa naide.

Nun entro en si son, agora qu´arrecia´l temporal, los controladores aéreos quien tenga más motivos pa glayar. Nun entro en valoraciones como si se les pue considerar trabayadores o non. Esmolezme qu´entremos na consideración de quién son trabayaores y quién non. Los controladores son insolidarios porque fastidiaren les vacaciones de tantos. Lo del metro de Madrid porque dificultaben llegar al trabayu a tolos demás. El paru de los trabayadores molesta. A la voz de “güelga”, vamos a los chigres (sitios onde paez que los camareros nun trabayen).

Con esti paru, los controladores aéreos ficieron más que desencadenar l´estau d´alarma. Abrieren la puerta a la militarización contra les movilizaciones de trabayadores que quiciabes nun puedan contar con la güelga. Pararon, y a toos dexáronos ensin ales. Con too, hai quien espera a ver qué diz wikielaks, la post-llumada.


Artículo publicado en el número del 12 d´avientu de Les Noticies.

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Diariu d´una poeta recién cansada

Calar

Nestos díes llentos nun pensara na más que nel poema “Llena” de Berta Piñán. Sobre manera naquellos versos: “Al otru día salimos tempranu/ a busca la vaca: atopámosla como una ballena/ pinta, nel pozu, embaxu casa”. Y ye que l´agua marcha con too. El mesmu elementu qu´a la Coixet-y val pa mostranos un vezu d´empecillu, la guapura de la renovación, ye tamién la brenga cola que desapaez too, un rápidu.

Llovió como si nun hubiere mañana, pero mañana llegaba y entovía la lluvia. Dalgo que cai asina tien que calar a la fuercia, y non solo na ropa tendío –algodón y poliester llentos yá pa siempre-, tien que calar más dientro.

Agora yá nun llueve en nengún llau, y miro pela ventana, y a la ciudá España-y el branu. El solsticiu arrodia les hores caberes. Vuelvo la cabeza a la llectura d´una poeta que versa vides d´otres muyeres, n´otra parte del mundu. Canta a unes muyeres mui probes en países probes porque ella nun foi ellí de turista; ella empapóse dende´l coche, na so estancia vacacional, de la verdá d´eses vides. Llee poemes nos que les llama collacies, onde l´hermanamientu ye figura retórica de rellumu. La poeta ye una poeta comprometía, y tien que calar la realidá del tercer mundu. Volver y cantalo. Facer un recital. Y depués d´una sesión de catarsis prefabricada como si la empaquetaren n´Ikea, llágrimes pequeñes, que nun moyen nin la mexella.

Si ye que l´agua ye la distorsión cierta, daqué orgánico polo que les coses sí nos lleguen, yá lo dicía Piñan: “El ríu arrastraba la vida y a veces/ dexábanos solos”.


Columna publicada en el número 689 de Les Noticies.
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Diariu d´una poeta recién cansada (a saber cuál)

Seis años

Termina la secuencia, la serie. Nun hai cartelu de “The end”, nin falta que fai. Depués de seis años nun queda más qu´apagar el televisor, ciarrar el portátil, pensar n´otra cosa. L´esfuerciu d´un equipu de guionistes pon fin a una saga, una narración cola que mediu mundu volvióse una masa catódico qu´especulaba de física teórica, ciencia llímite y ciencia posible, teoríes de cuerdes y otres posibilidaes d´ámbitu místicu. ¿Qué pasa na isla? ¿Por qué acabaren los personaxes ehí? ¿Qué ye metáfora de qué? Y depués, nada.

Apagues asina la tele. Vas pa la cama (qué hora ye, qué día ye, cuánto va dende qu´entamó too esto), pieslles el día, la lluz última. Das-y vueltes a los seis años que duró esta historia mientres tu, ensin date cuenta, dibes faciendo la tuya. Ganasti y perdisti. Tuvisti y dexasti de tar. D´aquello esencial yá supisti que yera de dir y volver. Mudancies, despidíes, fracasos, claro. Colos güeyos bien abiertos dexes qu´otra colección d´imáxenes pasen proyectaes pel techu. Otros personaxes, los propios: un pocu más guapos, dalgo más de xente, sorrises, l´aire caldiu. Col vértigu que produz l´alcordanza entrugues quién abrió aquella ventana. Ubi sunt? N´estes duldes nun hai orixinalidá nenguna.

Nun pasa nada. Termina “Perdidos” y nun pasa nada. Too sigue. Polo demás, más vieyos, con más mieos, atopando´l mundu –esa bola azulina imperfecta na que gobiernos salten , y asalten, per agües internacionales, maten y cuenten con quedar impunes; esi cachu terruñu insolidariu que va desfaciéndose a pocoñinos- dacuando más puercu. El verdaderu mieu: que les arrugues nun seyan más que pliegues, que nun valga pa nada.


Columna publicada en el número 689 de Les Noticies.

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Diariu d´una poeta recién cansada (9)

Ganen los indios

Diba tener razón el paisanu aquel qu´un día espetóme que yéremos (yo y un ente invisible de mocedá que diba conmigo anque yo nun lu viere) la xeneración del refalfiu. Díxome esto mientres picaba na tierra y yo paseaba los mis inconscientes años. Quixi decir felices. Enantes de siguir, anuncio qu´esto pinga de pornografía sentimental, nun hai engañu.

Diba tener razón, si non de qué tantu rapaz con vocación d´actor, guah.a con ganes de facer versos, xente aspirante a un mundu más guapu. Claro, una xeneración refalfiada la nuestra, que creyera que con esfuerzu y talentu podía facese too, y depués resultó que non. Xeneración del refalfiu, que lo que nos sobraba yera actitú, anque andábemos col caparazón dalgo floxu pa llevar tolos golpes. Y con too, dacuando, yá lo dicía´l cantautor Alfredo González, ganen los indios.

Ganen, y ella llogra trabayar de lo suyo, cuando lo suyo ye la educación social (qu´andamos faltos pero paez que los d´arriba nun s´enteren); y él asoma yá na pantalla pequeñina y recibe aplausos nes tables. Y González y Moro siguen pela meseta y sienten como´l públicu canta los sos temes, y la xente de Truequedart llanza un proyeutu que suena como suenen les realidaes. Y va unos díes me dicíenme qu´Alba González Sanz ganaral Premio Gloria Fuertes con Apuntes de espera.

Quiciabes non fora asina, quiciabes el vieyu nos topara como indios na reserva, un fracasu oscilante dende los sos avezáos güeyos. Pero, dacuando, dizlo´l flacu de Turón, ganen los indios. Y entós llueve.


Columna publicada en el número 685 de Les Noticies.
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Diariu d´una poeta recién cansada (a saber cuál)

Bales de foguéu

Frente a Los fusilamientos del 2 de mayo de Goya nun hai placer estéticu que valga. Los trazos nun se posen pel papel como la lluz o la reflexón solime de lo vivío. El xeitu nel que la pintura va asoleyando´l llenzu como quien cuenta un escuchu, el secretu de lo infame d´una época de la que descendemos. Una época d´autoridaes sorrientes nel retratu, lloñe d´un campu batalla nel que yera absurdo rindise. “Na guerra, quienes se rindíen, yeren executaos. Tremenda insensatez el rindise”. Frente al oleu perenne d´un desastre aguantes l´odiu internu, como l´enchete, una tromba de pena caldiada. “Dicíen qu´ún de los fusiles llevaba bales de foguéu, pa nun saber si en verdá se mataba o non col arma propia”. Fíos llegaos tarde d´un sistema nel que ordenaben quitar vides, y quitábense. Cómo nun afoganos agora nel desiertu mariellu, nel destierru, lo mesmo que´l perru semifundíu de les pintures negres de Goya. “Los amigos muerren”, paez dicinos. Miramos ensin ver, cambiamos de cuadru.

Como nun viví un guerra, y amás de fía de daqué horror, soi fía del benditu refalfiu, paso´l control de seguridá de l´aeropuertu pensando que tamos n´estáu de sitiu. Que too ye arbitrario, que te miren como si amenazares, pero dicen que ye por protexete. Nun hai revolución nenguna n´azotar violento les botes, mostrar el desalcuerdu al atravesar la ponte de seguridá. Equí claudicamos. Quiciabes tamién tenemos, qué bobos, bales de foguéu. Y seguimos disparando.


Columna publicada en el número 678 de Les Noticies.

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Diariu d´una poeta recién cansada (8)

One of them

“La gloria de los xornaleros era terminar fuera de control!” dicía Alfredo González falando de la épica del ciclismu. La soledá del corredor de fondu, el xeitu d´arremeter l´agua… De siempre interesáronme más los deportes solitarios. L´arguyu de quien garra´l mundu por sí mesmu, coles sos manes atacaes de sudu. Nel fútbol nun yera quien a atopar tou esi fluxu heroicu, nin siquiera la comunión dominical de la victoria o´l fracasu.

Pero na ciudá d´arteries prietes, de cares ayenes, alcontré un poco d´esa pertenencia, un sentimientu peligrosu polo caldiu y acoyedor. Desque acompañara al aficionáu sportinguista peles cais de Madrid, ensamaes de voces y camisetes coloraes y blanques, formé parte del grupu, entendiáse que me movía´l mesmu sentir. Ceo deprendí los nomes de nuevos héroes, les fazañes, los trunfos.

Alleguemos a los aledaños del estadiu –siempre quixi dicilo-, vimos les aficiones d´unos y otros, l´hermanamientu poco frecuente, l´atmosfera de lo festivo. Mirábenme como si fuera una d´ellos. One of them nesta familia alrededor del xuegu d´una pelota, de lo evasivo del fin de selmana, la tregua fina del trabayu. One of them nun mundu raru, del que nun sé apenes nada, nin entiendo´ l credu nin rezo a los santos que correspuenden. Como tantes veces, nesta fiesta toi de pasu. Dexaré les voces de fondu, marcharé ensin conseña. Nel xuegu de lo ganao y lo perdío voy siguir dexando que´l balón bote hasta que salga del campu.


Columna publicada en el número 670 de Les Noticies.

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Sobre "Libre para partir" de Martín López-Vega

El turista incidental

Libre para partir, viajes y vivencias de Martín López-Vega


SOFÍA CASTAÑÓN
Que el titular no engañe al lector: en este libro de viajes no hay turista. Hay una isla, de nombre Martín, que se mueve por las calles, las orillas, los cafés y los bosques. Y esa isla con un equipaje esencial, como el de un caracol, nos habla del mundo que va descubriendo. Y de cómo el mundo le va descubriendo por el camino.

Libre para partir es una recopilación de libretas y cuadernos, de anotaciones en trenes por el corazón de Europa, de servilletas frente a un café en el Trastevere. Tiene alguna postal de las que no llegan a enviarse, y varios relatos donde los amigos saben hacer la respiración asistida cuando parece que se ha esfumado cualquier esperanza. «Lasciate ogne speranza», rezaba Dante en su travesía tricolor. Pero Martín López-Vega, que se mueve por estas páginas en trenes de coche cama o en vaporetto, encuentra nuevas ilusiones al entrar en cada ciudad. Aunque sea como el poeta que vive en esa isla y busca en ocasiones el momento de despedirse.


Así comienza la reseña que aparece hoy en el suplemento Cultura de La Nueva España. Y puedes seguir leyéndola aquí.
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Diariu d´una poeta recién cansada (6)

Una casa

La puerta quedó abierta, quiciabes de la última vez, imposible recordar qué se fizo entós. Na casa, el golor de daqué familiar y al mesmu tiempu frío, como si naciera lloñe y llegara pa falar d´otru tiempu. Nel corredor cuélase la clarixa, alluma con poco, sicasí too finxe tar nel so sitiu. Nenguna borrasca pasó per equí. Cuasi nin el tiempu.

Pero esti orde ye raru polo ayeno, como si la casa propia agora nun lo fuere: tolos muebles guarden la mesma distancia ente sí, les mesmes muezques de golpes o mudances, pero nun paecen güei abellugu pa les coses propies. Como si la casa tuviera n´arriendu. Nun pertenez a naide conocíu.

La casa que foi como un árbol, como un ríu, como un poema de Berta Piñán, yá nun ye tuya. Andes pel pasillu y crees tar nun muséu. Les semeyes ayeri fresques son agora retratos de xente lloñe. Nun va tantu tiempu y nada te pertenez. L´añu que marcha ye como esta casa. Acabámoslu y queda fríu, cola vida floxa.

Pensabes en facer recuentu -l´avezu deprendío dende nena, la fórmula máxica pa ser meyor-, parar nel camín y mirar qué foi lo que dexasti, lo que llograsti, daqué importante. Como una colección de palabres preñaes de significáu precisu que resumieren l´añu. Queríes plagalo too de nomes, de ciudaes, de feches. Sicasí, pela to hemeroteca vital hai rotos, royeron pliegos enteros. L´añu, que foi tuyu, ye namás qu´alcordanza. Y l´alcordanza siempre ye mentira.

Columna publicada en el número 666 de Les Noticies.

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