Llegamos a casa
y cierras la puerta.
Tres vueltas
y la llave en la cerradura.
Lo haces
porque sabes que si no
antes de dormirnos
atravesaré el pasillo
para asegurarme
que estamos seguros.
Son manías
ya asumidas por los dos,
como echar el rudimentario
pestillo
a la puerta blindada
con tres vueltas
y la llave en la cerradura.
Llegamos a casa
y cierras la puerta.
Así me ahorras el paseo
antes de dormirnos,
sólo tengo que preguntarte
y me besas en la frente
y me dices sí, pesada.
A veces nosotros somos
ese pestillo,
una paz incomprensible.

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