Papel pintado
es lo que queda
de la casa que amé
a los catorce. Papel
emborronado con corazones,
su nombre: el alimento
adolescente de las tardes.

En la calle, como
una bofetada, sólo papel
pintado y un solar,
una gaviota, la certeza
del ayer que maneja
el desarraigo.

Succionan mi ciudad,
se llevan mis sandalias,
los bancos del parque
y escupen
-como Saturno
con el estómago lleno ignora
a sus vástagos-
el papel de la habitación
en la que nunca entré,
que sólo acariciaba en sueños
en aquellos días
tranquilos.

publicado en lunula 22, Desplazamiento

2 comentarios:

Laura | 12 de marzo de 2008, 7:30

Cada vez me gustas más ;)

p.a.m.e. | 12 de marzo de 2008, 17:47

jenny, qué suerte tienes: los tos versos tienen verdaderes propiedaes nutritives, son lo contrario de la fast poetry, de la poesía basoria... lo contrario de la arquitectura efímera porque con cuatro palos bien puestos yes quien a construir una casa duradera...