II

Quería que lloviera
no nos engañemos
a mí me traen sin cuidado la sequía
el efecto invernadero y las restricciones
necesitaba que lloviera
y que el agua lo limpiara todo,
que entrara con furia en mi interior
en una catarata pronunciada.
Un rugido extraído de lo más profundo
asaltaría a cualquiera
lo rendiría, vencería sin duda,
por eso el agua debe acabar con él,
caer por mi aparato digestivo
mitigar su sed de guerra inagotable
una cascada que aligera tanta ansiedad
todo el ardor del guerrero que me acompaña.
En su nombre está la solución,
agua para mí, agua para mi sed
que apague mi fuego, las hogueras encendidas
por los otros.

de Ignacio Escuín Borao, Americana, Ediciones Leteo, 2oo8.

1 comentarios:

Duenda. | 15 de junio de 2008, 15:54

yo me quedo con la página 15.
un beso.
d.