True drama

Nos conquistó. Raro es que una serie de la HBO no lo haga (y otra cosa bien distinta que una vez que nos deja falling in love perdidos le dé por cancelar la serie -ay, malditos, devolvednos Carnivale...-). Y nos fue conquistando más con cada capítulo porque dejaba de ser una serie de vampiros, para ser otra cosa.
La premisa es la siguiente: los vampiros "han salido del ataud"* y la sociedad los ha aceptado -bueno, como acepta la sociedad a los diferentes, vaya-, incluso cuentan con representación política y su propia sangre sintética, de fabricación nipona, por esto de evitar altercados con los humanos (o los vivos, o como los llamen).
Esto es estupendo porque por fin no tenemos que aguantar una serie de cazavampiros donde la variente reside en si el que los caza es también vampiro, medio vampiro, enamorado de un vampiro o Sarah Michelle Gellar y su increíble escote.
Y lo mejor es que es una serie sureña, enmarcada en un pueblecito de Lousiana, en el que básicamente se distinguen tres tipos: los blancos, los vampiros y los negros. Una tierra arraigada en la superstición, el influjo de la iglesia católica y sus veteranos de guerra -de todas las guerras, que la ventaja de tener vampiros en la serie es que pueden hablarte del enfrentamiento de los estados del norte y el sur en primera persona.
Allan Ball tiene el don de enganchar (o quién no se vio casideunatacada A dos metros bajo tierra), y logra con esta serie algo muy bueno: según avanza descubres que no quieren mostrarte un what if en el que los vampiros conviven con los humanos. Lo que te quieren mostrar es cómo una población pequeña, con cierta tendencia a la desconfianza y no especialmente tolerante -es decir, un pueblo- se enfrenta a aquello que desconoce, de lo que no había tenido noticia o no entiende.
Aunque, se les ha notado la prisa: cierran la primera temporada igual que un niño acaba una redacción cuando ve que está llegando a la extensión fijada. Ha tenido un poco de "hasta aquí" y sacudida de manos.
Pero la cabecera es maravillosa:




*sí, son unos guasones, ellos

4 comentarios:

Manolo Arana | 2 de marzo de 2009, 6:14

pues yo vi la mitad de la temporada y lo dejé. me decepcionó un poco porque se fue convirtiendo en un culebrón... no sé. pintaba mejor de lo que luego resultó

Laura | 3 de marzo de 2009, 11:05

Tía, pues con Carnivale me puse el otro día y sólo vi el primer capítulo, no me dio nada de ganas de seguir, no sé si me pilló en mal momento o qué. Pero bueno, igual lo intento con esta a ver. Que Six Feet Under llegó a ser casi una razón de vivir XDD

Papa Pingüino | 4 de marzo de 2009, 3:04

Tengo desde hace tiempo el primer libro de la saga en la que se basa la serie, pero no sé, no acabo de lanzarme. Hay algo que no me convence aunque no tengo muy claro el qué.
Todo el mundo dice que la serie está muy bien, así que habrá que darle una oportunidad (a la serie y a la novela).
La prota es la cría de El Piano ¿no? Anna Paquin. Qué gran película...

jcuartero | 6 de marzo de 2009, 3:01

Pues yo he de reconocer que sí me he enganchado. Efectivamente ha ido adquiriendo un aroma de culebrón, pero sin ese revestimiento folletinesco se habría vuelto en una serie más de un asesino en serie, del que descubrimos su identidad en el penúltimo capítulo y que en el último episodio de la temporada vemos como....(mejor me callo).
Con respecto a lo de la prisa por cerrar la trama estoy de acuerdo, pero por otro lado es innovador que la tensión termine a mitad del capítulo, por un lado nos defrauda la rapidez, pero por otro nos alivia pasar treinta minutos en los que para ser sinceros ya nos imaginamos lo que iba a suceder.
La canción de Jace Everett estupenda, además está compuesta dos años antes de la serie