Sobre la educación y el miedo

Al pasar a la altura de un puesto que desde hace ya muchos domingos solicita el cumplimiento íntegro de las penas ilustrándolo con la foto de Marta del Castillo en carteles y camisetas, una señora me pide que firme. Sin más. Me lo dice como quien te para por la calle sin mucho convencimiento y yo le digo "No, gracias". Y, cuando me alejo, ella dice "¡Anda, tú no tienes miedo!" y añade un farfullo a modo de "Es increíble" o algo parecido.

Y aunque realmente sigo caminando y llego a mi casa y me siento y escribo esto, en este espacio me giro, me acerco a esa mujer, la miro y le pregunto cómo se combate ese miedo. Le pregunto si que exista un cumplimiento íntegro de las penas puede modificar el modo de conducta de -ya que son ellos quienes ejemplifican- unos niñatos violentos a los que se les fue la mano porque nadie nunca les paró los pies. Le pregunto si no deberíamos, para no tener miedo, preocuparnos de educar y no de castigar, si no será mejor aquello de "prevenir que curar", si no será que hace ya tiempo que da mucha pereza enseñar a los niños que crecer no va sólo de unos escalafones sociales que llegan con distintas asignaciones económicas. Le pregunto si se trata de dejar de tener miedo de los demás para empezar a tener miedo a un sistema que vaya tomando las riendas que no queremos tomar nosotros.
Le pregunto cuánto ha leído sobre leyes. Le pregunto si ella es de los que pedirían también la cadena perpetua, o la pena de muerte, si se terciara. Le pregunto para qué sirve el cumplimiento íntegro de la pena cuando la institución penintenciaria tiene tantísimas carencias aún más importantes.
En este espacio abordo a la señora, porque no entiendo por qué ella se ve con derecho a cuestionar mi negación mientras yo respeto que ellos estén todos los domingos, en el paseo del muro, en frente de mi casa, pidiendo algo que no sé qué sentido tiene.
Pero lo hago en este espacio porque existe una fuerza, de la costumbre o de la supeditación, por la que sigo siendo una niña pequeña a la que los mayores quieren adiestrar. Existe un "respeto a los mayores", totalmente unidireccional, gerontocrático, por el que "contestar" sigue siendo "pecado". Y habría que hacer algo con eso, creo. Y pronto. Y bien.

7 comentarios:

Anónimo | 7 de junio de 2009, 12:42

No es por nada (aparte de por la parte que me toca) pero estaría bien que aclararas a qué "mayores" te refieres, porque digo yo que hay "mayores" que también somos muy tolerantes, dialogantes, y ante los que no te sientes así... Digo yo. O eso espero... :)

Jenny jirones | 7 de junio de 2009, 14:10

Amable anónimo,
desde luego que los hay si hablamos de una cuestión de edad, pero -y bien lo sabes- esos "mayores" no hacen uso de su condición de "mayores", no imponen y no se ofenden si no piensas lo mismo que ellos.
No, no son "mayores" porque te tratan como a un igual -bien lo sabes, darling ;)-

un genio del montón | 7 de junio de 2009, 14:21

Por fortuna, en España el código penal está planteado bajo la perspectiva de la reintegración del delincuente a la vida en sociedad, y no en la venganza de la sociedad contra el delincuente. Al menos, así es en teoría. Por eso, a pesar de que a menudo se sientan legitimadas para influir en el curso de la justicia, son precisamente las víctimas de un delito el colectivo menos indicado para decidir sobre las penas que deben infligirse. En virtud de su dolor, la víctima se transforma en verdugo. Eso es comprensible, no se le puede pedir objetividad al padre de una niña asesinada. Pero en ningún caso se puede tomar su ansia de venganza como baremo sancionador. Si las víctimas tomaran las decisiones en materia penal, en el plazo más breve nos encontraríamos sumidos en un estado de terror generalizado.

Es una pena lo de Marta del Castillo. Es una pena que sus padres hayan decidido hacer cruzada de la muerte de su hija. No sería raro que algún grupo de ultraderecha tratara de capitalizar el tirón mediático con dudosos objetivos. En fin.

Anónimo | 7 de junio de 2009, 15:23

El problema entiendo yo, es que todo se politiza demasiado, a mi me dan pena esos padres de peregrinación como otros que recientemente hasta tienen libro en el mercado, pero también me dan pena los otros padres, los de los verdugos, que también son víctimas.

un genio del montón | 7 de junio de 2009, 15:48

Que gran observación.

Papá Pingüino | 8 de junio de 2009, 4:11

Mola la Jenny reflexiva. Más polémica es lo que le hace falta a este país, sí señor; que andamos escasos de ella...

Hugo | 8 de junio de 2009, 18:21

Polémica sí,pero dentro de un orden
Vayamos por partes:

Hala,a empezar