De noche, los domingos

De noche, los domingos son más tristes.
Ayuda la impresión bobalicona
de la distante luna, cuyo velo de flema
irreal se contagia:
las familias se arropan a la lumbre
eléctrica, o apuran
los restos de la cena quedamente,
pensando ya en la paz merecida del catre;
descienden el telón de las persianas
y se rinden al sueño de sí mismas.

"Que nadie nos moleste"
digo entonces,
"un rincón donde no puedan tocarnos".
Me aprietas silenciosa. Tú también tienes frío.
Pero los dos sabemos que quizás
sea mejor así,
caminar solitarios los recodos del pueblo
y a espaldas del convento
-piedras despellejadas con verdina-
nuevamente entregarnos en un culto
feliz porque salvaje:
dos mamíferos
que luchan contra el medio por conservar no más
que su sangre caliente.

de Rafael Espejo, El vino de los amantes, Hiperión, 2oo1.

3 comentarios:

Maria | 7 de junio de 2010, 5:17

Qué grande es Rafa Espejo.

Jesús Carrasco Gómez | 7 de junio de 2010, 6:58

Muy apropiado para el momento. Es verdad que los domingos por la noche son más tristes.

Mararía | 7 de junio de 2010, 15:57

dan ganas de acurrucarse y combatir el frío del domingo noche... me ha encantado