El arma del elefante

El elefante se lleva pesada la memoria
y dejamos la ciudad como si fuésemos jóvenes
-en otras quimeras nos extinguimos,
pero el cáliz siempre nos moja los labios,
sabe bien, como a otra vida en la costa-,
todo lo demás suena de fondo
igual que una canción incomprensible, un
derroche, una marea de confetti.

Nada nos queda aquí. El elefante se va
y seguimos bebiendo de esto
como si nos gustara.