Parábola



















Pienso en la historia de la cruz, con Jesús en medio de los dos ladrones. Uno de ellos, in extremis -que no es otro momento que cuando todo se da por perdido-, se arrepiente de la vida que ha llevado. Ese arrepentimiento no cambia ningún hecho anterior ni compensa a nadie. Sin embargo, es suficiente para cambiar "el futuro" que le espera en la vida eterna. Ése es el ladrón bueno.

Pienso en la acción -y no digo robo- de Sánchez Gordillo hace un par de días. En el modo consecuente con el que asume los hechos: una reivindicación, un acto político (que no partidista), un modo de visibilzar un problema que todavía muchos se niegan a ver. Y recuerdo al campechano Juan Carlos I, Rey todavía de este país desastroso, pidiendo disculpas por irse a cazar elefantes con el dinero de todos en estos tiempos en los que tantos otros necesitan robar comida.
A ojos del público, el ladrón bueno sigue siendo el que apela a la redención.
Los otros, ladrones sin más.


Este país ni se comporta como un estado laico, ni piensa como un estado laico.
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